El instinto de la equidad

En los animales se suele reconocer cualidades que hasta hace poco se pensaba que eran solamente humanas: tener emociones, capacidad de sufrimiento, conciencia, amistad, lealtad y otras. Asimilar los animales al mundo de los humanos dice mucho en nuestro favor porque expresa el deseo de compartir nuestro lugar en el mundo con ellos. Pero no puedo dejar de pensar que se puede hacer este camino en sentido contrario, o sea reconocer cualidades de los animales en los humanos: instintos, predación, lucha, manada, jerarquía, agresión, territorialidad.

Si reconocemos la humanidad de los animales, también tendríamos que reconocer la animalidad de los humanos.  Si te acercas a un perro y te muerde, no le atribuimos maldad, sino instinto. Por ejemplo: “eres un extraño que has invadido su territorio”, si una persona hiciese lo mismo le atribuiríamos violencia, porque lo juzgaremos desde un punto de vista moral, atribuyéndole intenciones y capacidad de decidir y de controlarse.

Pero tenemos que aceptar que muchos comportamientos que consideramos humanos y que juzgamos desde un punto de vista moral, los compartimos con el resto de los animales, especialmente si nos fijamos en los primates. Pero los juzgamos de forma diferente según los realicen humanos o monos. ¿Podemos hablar de principios morales en el mundo animal? Vamos a verlo.

Aversión a la falta de equidad

El primer estudio que demostró que animales no humanos reaccionaban airadamente ante la falta de equidad fue publicado en 2003 en la prestigiosa revista Nature (1) y sus autores fueron Sarah F. Brosnan (2) y Frans B. M. de Waal (3) del Yerkes National Primate Research Center en Atlanta en (Estados Unidos). En este estudio, unos monos capuchinos (Cebus apella) tenían que dar una ficha a un experimentador humano que, a cambio, les daba una rodajita de pepino. Los monos realizaban esta tarea de dos en dos y dentro de jaulas contiguas, con lo que cada uno veía lo que hacía el otro. En un momento dado, en lugar de rodaja de pepino uno de los monos recibía una uva (una golosina para estos animales), mientras que el otro seguía recibiendo el pepino. Al darse cuenta de esta diferencia de trato, los monos agraviados se agitaban, rechazaban el pepino y dejaban de hacer correctamente la tarea. Pero mejor es verlo en el siguiente vídeo: https://www.youtube.com/watch?v=-KSryJXDpZo La protesta de los monos se debió a recibir una recompensa de menos valor ante el mismo trabajo y también se produjo cuando el otro mono recibía la recompensa sin hacer nada.

Esta reacción de aversión a la falta de equidad como la que se ve en el vídeo, hasta parece humana, si fuese una persona diríamos que es una respuesta de dignidad. El animal renuncia a un poco de alimento porque aparentemente se cree tratado injustamente, es decir que hay   algo más importante que comer. La clave de este experimento es que cuando el mono renuncia a seguir jugando a obtener comida a cambio de fichas, e incluso tira un trozo de comida que tenía en la mano porque esperaba otra cosa, está rechazando alimento. La motivación para alimentarse es básica para la supervivencia y si el mono pone algo por encima de la alimentación, será por alguna razón poderosa, no por amor propio caprichoso. Vale la pena preguntarse de dónde proviene esta aversión a la inequidad y cuál es su función etológica.

El juego del ultimátum

El juego del ultimátum es un juego muy estudiado en el campo de la Economía Experimental (4). En este juego hay dos jugadores el que propone y el que responde. Al que propone se le dice que dispone hipotéticamente de 100€ y que debe proponer una distribución de ese dinero entre él mismo y el otro jugador. Puede hacer cualquier propuesta, desde quedarse todo hasta darle todo al otro. El que responde tan sólo puede aceptar o rechazar la oferta, si la acepta el dinero se reparte tal y como ha dicho el que propone, sea lo que sea, pero si lo rechaza, entonces ninguno de los dos se lleva nada.  Si se analiza desde un punto `de vista racional, si el proponente plantea quedarse con todo, el que responde lo rechazará seguro porque tanto aceptando como rechazando gana lo mismo: 0€. Pero si la propuesta es de, por ejemplo 95 € para el que propone y 5€ para el otro, si éste la rechaza, lo que hace es rechazar 5€. Si lo que primase en el segundo jugador fuese sólo el beneficio económico, debería aceptar cualquier propuesta que sea diferente de cero, porque no la puede cambiar y rechazarla significa perder dinero, aunque sea poco. Pero los resultados reales contradicen el principio de la Economía Experimental de que las personas son racionales y persiguen optimizar el beneficio económico. La realidad es que se rechazan mayoritariamente las ofertas por debajo de 25€ e incluso hay quien no acepta repartos que no sean al 50 por ciento, y por otra parte los que proponen el reparto tienden a hacer propuestas equitativas del 50-50 o del 60-40 (5). Es decir que las personas, al igual que los monos capuchinos, prefieren perder dinero antes que aceptar una situación indigna por injusta (bueno, injusta para uno mismo), y por otra parte prefieren ser equitativos a ganar más que otros sin más méritos. Este efecto, se ha comprobado, además, en diferentes culturas (6).

Si intentamos explicar la conducta humana en el juego del ultimátum, podríamos decir que las personas juzgan que la situación no es justa, que prefieren mostrar su sentido de la equidad antes que ganar dinero y, también, que pretenden castigar al aprovechado porque cuando no se acepta la propuesta el otro también pierde, y más dinero.  Aunque el juego del ultimátum no sea exactamente lo mismo que la situación diseñada por Brosman y De Waal para los monos capuchinos, vemos una coincidencia importante: se percibe falta de equidad y se prefiere renunciar a beneficios (dinero o comida) antes de aceptarlo.

¿La explicación sobre la falta de equidad en humanos también valdría para un mono capuchino? Bueno, para ello deberíamos atribuir a los monos cualidades humanas como pensar y decidir, sentido de justicia, deseo de castigar el comportamiento egoísta. Pero a mí, particularmente, esta vía no me convence. Prefiero buscar una explicación que funcione con el mono y luego ver si también encaja en la persona, eso es aplicar la teoría de la navaja de Ockham, que postula que, en igualdad de condiciones, se debe preferir la explicación más sencilla. Vamos a ello.

Equidad y cooperación

Once años después de la publicación de su primer trabajo sobre aversión a la falta de equidad, Sara Brosnan y Frans de Waal publicaron otro artículo (7) donde explicaban la función y el origen de la aversión a la falta de equidad a la luz de la investigación científica que se había realizado en esos años. Su conclusión es que la aversión a la falta de equidad aparece en aquellas especies que cooperan fuera de los lazos de apareamiento y parentesco. Los monos capuchinos, los chimpancés, los bonobos y algunas especies de macacos se caracterizan por la cooperación en grupos sin lazos de parentesco y muestran aversión a la falta de equidad. En cambio, no se ha hallado esta reacción en monos araña, ni en orangutanes que son primates poco cooperadores. Por supuesto se ha hallado la aversión a la falta de equidad en especies que no son primates pero que cooperan como en los perros domésticos, las hienas o en diferentes tipos de cuervos como las cornejas y los grajos.

Los chimpancés constituyen grupos cohesionados que cooperan para aseguran la supervivencia del propio grupo

La aversión a la falta de equidad no es tan acusada si se produce entre individuos muy cercanos como en el caso de parientes. Si lo traspasamos a humanos podemos decir que a alguien puede no importarle que sus hijos o hijas o su cónyuge tengan el trozo de tarta más grande, sin embargo, si es el cuñado (o cuñada) entonces se produce el conflicto. Por eso los monos tití que son muy cooperadores no muestran aversión a la falta de equidad, porque su cooperación se basa en lazos de parentesco de grupos formados por una hembra con varios machos los cuales cooperan con el cuidado de las crías sea quien sea el progenitor. Entre animales ligados por el apareamiento o por el parentesco no se necesita de ningún suplemento para sustentar la cooperación, se basa en los genes compartidos (8). Pero algunas especies aumentan el tamaño del grupo que coopera entre sí más allá del parentesco directo y entonces es cuando se necesitan nuevas vías para establecer vínculos, y una forma de establecer lazos de unión es hacer tratos justos entre iguales.

Aversión a la falta de equidad de primer y de segundo orden.

Hasta ahora hemos considerado la reacción ante una falta de equidad desfavorable. Pero también existe la aversión a la equidad favorable, es decir cuando uno mismo tiene mayor recompensa que los otros e intenta compensar la diferencia. Brosnan y De Waal denominaron a la primera aversión a la inequidad de primer orden y a la segunda aversión a la inequidad de segundo orden. En el juego del ultimátum, la aversión a la falta de equidad de primer orden es la quien rechaza un reparto desequilibrado, y la de segundo orden es la de aquellos que proponen un reparto del 50%.  

¿Existe esa aversión a la falta de equidad de segundo orden en el mundo animal? ¿Hay animales que hagan algo para que otros tengan lo mismo que ellos, sin ganar nada a cambio?

La respuesta es que la aversión a la falta de equidad de segundo orden es mucho menos frecuente entre las especies animales capaces de cooperar que la de primer orden, pero al menos los chimpancés la muestran. En un experimento del Yerkes National Primate Research Center (9), de facilitaba a chimpancés una caja con 30 fichas, 15 verdes y 15 rojas, si escogía una roja y se la daba al experimentador éste le daba un poco de comida, pero si la ficha era verde entonces le daba comida al chimpancé que había escogida la ficha y también a otro que estaba en una jaula contigua. Resulta que los animales escogían las fichas verdes con más frecuencia que las rojas. Además, si el compañero llamaba la atención del primer mono aumentaba aún más la elección de las fichas verdes, pero si el compañero hacia gestos agresivos y de presión entonces disminuían a la frecuencia de elección de estas fichas. Por lo tanto, la respuesta es sí, entre los primates al menos los chimpancés pueden realizar conducta prosocial y favorecer a otros sin que represente, aparentemente, ningún beneficio material inmediato.

Hay una extensa investigación sobre el aprendizaje del trabajo colaborativo en animales observado en situaciones experimentales. Éste consiste en que dos animales tienen que realizar una acción coordinada para obtener una recompensa, por ejemplo, tirar de una cuerda de forma simultánea y al mismo ritmo para traer una bandeja con comida. Eso lo pueden aprender muchas especies animales como los elefantes asiáticos o las tórtolas, evidentemente también los simios. Pero los chimpancés y los monos capuchinos son capaces de pagar por el trabajo, cosa que no se produce en otras especies. “Pagar por el trabajo” consiste en lo siguiente: si dos animales deben colaborar para obtener comida y sólo se le recompensa a uno de ellos, entonces el no recompensado pierde interés en la tarea y no colabora. La solución es que el animal que sí obtiene la recompensa, la reparta con su compañero, en el mundo animal eso es pagar por el trabajo de forma equitativa y solamente algunas especies de simios son capaces de hacerlo.

En el Yerkes National Primate Reseach Center consiguieron adaptar el juego del ultimátum para chimpancés, sin instrucciones verbales, pero con la misma dinámica y obtuvieron los mismos resultados; los chimpancés elegían antes fichas de reparto equitativo que fichas que les beneficiaban sólo a ellos (10).

La evolución del sentido de la equidad.

Resumiendo; hay algunas especies animales que han desarrollado la capacidad de cooperar en grupos no ligados por el parentesco como herramienta de supervivencia y adaptación al medio. De entre todas ellas destacan algunas especies de primates, como los chimpancés o bonobos que forman grupos que cooperan para obtener comida, almacenarla y repartirla, así como para protegerse mutuamente de peligros externos.

Para comprender el desarrollo de la cooperación necesitamos incorporar dos conceptos adicionales: la comparación social (Ver ¿POR QUÉ SON ODIOSAS LAS COMPARACIONES?) y la empatía (Ver ¿COMPARTIR LAS EMOCIONES O COMPRENDER LAS EMOCIONES?). Veamos ahora los diferentes comportamientos necesarios para llegar a una cooperación de máximo nivel (Ver figura 1):

  1. La capacidad de adaptación individual: Aprender a obtener recompensas y evitar daños.
  2. Comparación social: Percibir las diferencias entre las recompensas que obtienen otros individuos y uno mismo.
  3. Aversión a la falta de equidad de primer orden: Reaccionar emocionalmente ante las situaciones no equitativas para uno.  Se producen protestas y rechazo.
  4. Empatía: Detectar en los otros las reacciones emocionales que estén causadas por la falta de equidad.
  5. Aversión a la falta de equidad de segundo orden: Reaccionar emocionalmente ante situaciones en las que uno mismo tiene recompensas no equitativas. Se reparten las recompensan, se equilibra la situación y se evitan protestas en el futuro.
  6. Cooperación: los individuos de un grupo se orientan al bien común y no explícitamente a obtener el mayor beneficio individual.
Figura 1.- Esquema de cómo puede evolucionar la conducta mantenida por sus consecuencias para el individuo a guiarse por el bien común.

Es decir, a partir de los descubrimientos y argumentos de De Waal (11), podemos decir que los primates colaboradores han adquirido la capacidad de refrenar la búsqueda de la máxima recompensa individual, detectar la falta de equidad y compensarla repartiendo. Adicionalmente, la disposición al reparto aumenta la reputación del individuo generoso y le hace subir en la jerarquía del grupo.

La cooperación es mucho más eficiente que las estrategias individuales pero requieren del desarrollo de procesos psicológicos como la comparación social y la empatía.

A la vista de lo expuesto podríamos decir que los chimpancés tienen principios morales, si entendemos como tal a normas de comportamiento que favorecen la cohesión del grupo. Pero la moral del chimpancé no proviene de la reflexión, ni del diálogo, no son principios pactados, tampoco son preceptos políticos, religiosos o filosóficos. La moral cooperativa del chimpancé es, ni más ni menos, que un rasgo de comportamiento que le ha proporcionado una ventaja adaptativa para sobrevivir en un nicho ecológico en particular en competencia con otras especies, es producto de la evolución natural.

Moral de chimpancé y moral humana.

Oliver Scott Curry, Daniel Austin Mullins y Harvey Whitehouse del Instituto de Antropología Cognitiva y Evolutiva de la Universidad de Oxford (Gran Bretaña) publicaron en 2019 una investigación (12) que presentaba 7 principios morales relativos a la cooperación comunes a 60 culturas diferentes del todo el mundo y que los autores proponen como principios candidatos a ser valores universalmente compartidos. Estos principios se pueden ver en la tabla 1 y, quizás a la vista de lo expuesto, los firmaría un chimpancé si supiese leer.

Tabla 1: Los 7 principios morales relativos a la cooperación comunes a 60 cultura diferentes, descubiertos por Oliver Scott Curry, Daniel Austin Mullins, and Harvey Whitehouse (Ver nota 12)

Creo que se puede sostener que los humanos compartimos con los chimpancés, y probablemente con los bonobos, el principio moral de la cooperación y, a la vista del conocimiento actual, por la misma razón: la selección natural.

Pero, por otra parte, la moralidad humana es algo más que la moralidad del chimpancé debido a que los humanos disponemos del don del lenguaje que permite la construcción de realidades abstractas; además con la evolución cultural de las sociedades humanas, se han sofisticado las normas socialmente aceptadas. Un chimpancé puede cooperar con otro chimpancé concreto, que esté presente, que lo conozca, lo vea y lo oiga; pero no con símbolos que representen a un chimpancé o con la idea abstracta de otro chimpancé. Esta percepción de lo concreto hace que la moral cooperativa del chimpancé se restrinja a su propio grupo y no a cualquier otro congénere desconocido. Por eso, cuando los humanos cooperan con otros humanos independientemente de su género, raza, nacionalidad, religión, edad o cualquier otra característica individual está llevando a la práctica la moral específicamente humana que tiende a buscar principios universales.

No obstante, en muchas ocasiones los humanos cooperan exclusivamente con su propio grupo y compiten con los otros grupos sociales. En estos casos, que desgraciadamente no son infrecuentes, los humanos nos comportamos como nuestros queridos y simpáticos primos los chimpancés. Pero el desarrollo de estas ideas necesitaría otra entrada de este blog.

Agradecimientos

Agradezco a Pilar Carasa los comentarios y correcciones al texto de esta entrada y su apoyo para llevarla a cabo.

Notas

1.- El artículo citado es: Brosnan, S., de Waal, F. Monkeys reject unequal pay. Nature 425, 297–299 (2003). https://doi.org/10.1038/nature01963. Este experimento era una parte de la tesis doctoral de Sara F. Brosnan que fue dirigida por Frans de Waal.

2.- Sara F. Brosnan después del impacto de sus primeros estudios obtuvo una plaza como profesora en la Universidad Estatal de Georgia donde ha continuado su investigación sobre equidad y cooperación.

3.- Frans de Wall es un conocido experto holandés en primates que se doctoró en la Universidad de Utrecht y empezó a trabajar en el zoológico de Arhem en donde tenían la mayor colonia del mundo de chimpancés en cautividad. Fruto de ese trabajo fue su primer libro Política de los Chimpancés. Después consiguió una plaza en el centro de investigación Yerkes de primate de la Universidad Emory en Atlanta (Estados Unidos), el centro puntero en investigación sobre sobre la conducta de los primates. Ha escrito numerosos libros de divulgación de sus investigaciones, todos muy amenos y fáciles de encontrar en sus traducciones al español, y si el lector busca en Google podrá hallar interesantes vídeos donde expone sus ideas fruto de la comparación entre primates y humanos.

4.- La Economía experimental es una disciplina que se dedica a estudiar la toma de decisiones de las personas en situaciones que les pueden reportar beneficios o pérdidas económicas, en realidad está a medio camino entre las ciencias económicas y las ciencias del comportamiento o sea la Psicología. Una metodología muy usada en este campo es plantear “juegos”, es decir situaciones con unas reglas establecidas por el experimentador en la que varios jugadores deben escoger su estrategia sabiendo que las decisiones de cada uno de los jugadores influyen en los resultados de los otros. Muchas veces la situaciones son engañosas o con intenciones ocultas para poder descubrir como las persona eligen sus estrategias. Hay una rama de las matemáticas que es la teoría de juegos que se dedica a diseñar modelos matemáticos que derriban cuál es la estrategia más racional, o sea que maximice los beneficios, en un juego.

En este texto en inglés hay una información completa: http://www.cdam.lse.ac.uk/Reports/Files/cdam-2001-09.pdf

5.- El juego del ultimátum fue diseñado por Werner Güth, profesor de la Universidad de Colonia (República Federal de Alemania) junto con dos estudiantes discípulos suyos. El artículo donde se publicó es este: Güth, W, Schmittberger, R. & Schwarze,B. (1982) An experimental analysis of ultimatum bargaining. Journal of Economic Behavior & Organization,Volume 3, Issue 4, 367-388. https://doi.org/10.1016/0167-2681(82)90011-7.

6.- Ver: Henrich, Joseph, Robert Boyd, Samuel Bowles, Colin Camerer, Ernst Fehr, Herbert Gintis, and Richard McElreath. 2001. «In Search of Homo Economicus: Behavioral Experiments in 15 Small-Scale Societies.» American Economic Review, 91 (2): 73-78.  DOI: 10.1257/aer.91.2.73

7.- El artículo es éste: Brosnan SF, de Waal FB. Evolution of responses to (un)fairness. Science. 2014 Oct 17;346(6207):1251776. doi: 10.1126/science.1251776. Este artículo es el de referencia para el modelo de evolución de la cooperación de Brosnan y De Waaal.

8.- Esta explicación del altruismo basado en los genes compartidos fue expuesta brillantemente Richard Dawkins en su libro El gen egoísta (Primera edición en 1976: The Selfish Gene. Oxford University Press. ISBN 0-19-857519-X)

9.- El artículo citado es este: Horner V, Carter JD, Suchak M, de Waal FBM. Spontaneous prosocial choice by chimpanzees. Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 2011; 108:13847–13851. doi: 10.1073/pnas.1111088108.

10.- Es artículo es este: Proctor D, Williamson RA, de Waal FBM, Brosnan SF. Chimpanzees play the ultimatum game. Proc. Natl. Acad. Sci. U.S.A. 2013; 110:2070–2075. doi: 10.1073/pnas.1220806110.

11.- Los 6 pasos de la construcción de la cooperación es una propuesta original del autor de este blog a partir de la propuesta de De Waal sobre la aversión la falta de equidad de primer y segundo orden del artículo señalado en la nota 7. Por cierto, Frans de Waal ha escrito libros e impartido numerosas conferencias hablando de este tema y por ello es un primatólogo reconocido. Pero, hasta donde yo se, todos los artículos científicos sobre este tema con Frans de Waal como autor también hacen constar la coautoría de Sara Brosnan, la doctoranda a la que un mono le tiró un trozo de pepino.

12.- Está publicación tuvo una notable repercusión, no exenta de polémicas, pero en ningún caso pasó desapercibida, la referencia es ésta: Oliver Scott Curry, Daniel Austin Mullins, and Harvey Whitehouse: Is It Good to Cooperate?: Testing the Theory of Morality-as-Cooperation in 60 Societies. Current Anthropology 2019 60:1, 47-69.

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