Falacias y sesgos

Una falacia es una argumentación que a simple vista parece válida pero que en realidad contiene algún error lógico, mientras que un sesgo cognitivo es la tendencia sistemática a favorecer más a un cierto punto de vista o idea cuando se razona. En la tradición filosófica europea, desde Aristóteles, las falacias y los sesgos han sido vistos como fallos de la mente humana, como errores que se deben erradicar. Pero ya en el siglo XX, los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky descubrieron que tanto las falacias como los sesgos eran el resultado de la forma habitual de pensar de los humanos. Las personas tienen dos formas de pensar: la rápida y la lenta. El pensamiento rápido es intuitivo y el lento, reflexivo. Las falacias y los sesgos son el resultado del pensamiento rápido que trabaja con la información más accesible y reciente, simplificando y haciendo aproximaciones burdas, como si fuese solamente un borrador. Luego, el pensamiento lento pule y corrige las primeras impresiones. No podemos librarnos de los errores del pensamiento que aparecen en forma de falacias y sesgos porque son el resultado de nuestras intuiciones automáticas, pero tenemos la obligación de repasar, siempre, las primeras impresiones.

Aqui voy a iniciar una colección de falacias y de sesgos del pensamiento humano, para poder identificarlas más fácilmente y pulir nuestro pensamiento consciente.

Índice de Falacias

La falacia ad populum

La falacia ad populum, o sofisma populista, consiste en afirmar que algo es verdadero únicamente porque la mayoría de la gente lo cree. 

Esta falacia aparece constantemente en las discusiones y se usa como si fuera evidente que “la mayoría siempre tiene razón”. Ejemplos:

*  ¡Y no es que lo diga yo! ¡Lo dice todo el mundo!

*   Esta ley no funcionaría; la prueba es que ningún país del mundo tiene nada igual.

*   Nueve de cada diez consumidores compran esta marca; por lo tanto, es la mejor del mercado.

*   Todo el mundo lo sabe.

*   Cincuenta millones de usuarios no pueden estar equivocados.

*   La mayor parte de la gente del planeta cree que hay algo más que el mundo material, y no se conocen entre sí. Eso no puede ser coincidencia: Dios debe existir.

Estos argumentos ad populum también tienen una variante basada en la tradición, expresada así: “se ha venido haciendo así hasta ahora”.

El argumento ad populum es muy poderoso y, en muchos casos, resulta casi irresistible porque nos da la sensación intuitiva de que “si todo el mundo lo cree, debe ser verdad”. Un ejemplo famoso ocurrió el 31 de diciembre de 1999: casi toda la humanidad celebró el fin del siglo XX y el inicio del segundo milenio. Sin embargo, desde el punto de vista matemático, el siglo XX no terminó ese día, sino el 31 de diciembre de 2000. Así lo establece el calendario gregoriano, que empieza a contar los siglos en el año 1, no en el año 0.

En el año 2000 había unos 6000 millones de personas en el planeta. Que todas estas personas celebraran el final del siglo un año antes no cambiaba el hecho matemático. Este ejemplo muestra con claridad que la cantidad de gente que sostiene una idea no modifica la verdad de esa idea. La opinión de millones no altera una operación aritmética ni cambia cómo se cuentan los siglos.

Otro ejemplo: la mayoría de los europeos, y de los españoles en particular, están molestos con el cambio horario entre invierno y verano. Hasta aquí, nada que objetar. Lo curioso es que la mayoría prefiere que el horario de verano rija todo el año. En España, las horas de sol pueden ser 15 al día en junio (21 de junio) y 9 al día en diciembre (21 de diciembre). Si mantuviésemos el horario de verano durante el invierno, solo lograríamos que no hubiera buena luz solar hasta las 10 de la mañana, pero no conseguiríamos más horas de luz al día. La mayoría puede decidir qué hora marca el reloj cuando el sol está en su cenit, pero no puede decidir, por votación, la trayectoria de la Tierra alrededor del Sol.

Es evidente, pero conviene recordarlo: la VERDAD no se determina por votación. Ahora bien, la falacia ad populum no es falaz cuando se trata de normas consensuadas, por ejemplo, las normas de etiqueta, de protocolo o de circulación. Circulamos por la derecha únicamente porque, por convención, todos los vehículos circulan por la derecha.

Volviendo a la falacia, debemos reconocer que su poder es emocional: nadie quiere sentirse fuera del grupo ni hacer el ridículo. Apelar a la mayoría es una invitación a ser como los demás. En los años 50, el psicólogo Solomon Asch demostró el efecto de la conformidad: muchas personas dudaban de lo que veían con sus propios ojos si todo el grupo aseguraba ver lo contrario.

Volvamos a la falacia, para acabar:¿qué decían las madres cuando se pedía algo “porque lo tenían todos los niños o niñas de la clase”? 

¿Y si todos se tiran por un puente, tú te tirarías también?

O, si no, podemos terminar con el lema definitivo: 

Come mierda: un millón de moscas no pueden equivocarse.

La negación del antecedente

La falacia de la negación del antecedente es una trampa lógica que puede colarse en conversaciones cotidianas, debates políticos o incluso en decisiones importantes. Imagina que tienes una proposición condicional con la estructura lógica: “Si X, entonces Y”, donde X es el antecedente y Y es el consecuente, como la siguiente:

“Si llueve, la calle estará mojada”

Luego, se comprueba que no ha llovido y se concluye:

“No llovió, por lo tanto, la calle estará seca”

Esta conclusión no es válida lógicamente ya que la calle podría estar mojada porque la hubiesen regado. La lluvia moja el suelo, pero no es la única causa de que el suelo esté mojado. Esto es lo que se olvida con la falacia de la negación del antecedente, que haya una causa de un efecto no significa que otras causas tengan el mismo efecto.

 Esto parece fácil, pero mira este ejemplo ahora:

“Si estudio, aprobaré el examen.”

Ahora alguien dice:

“No estudié, por lo tanto, no aprobaré.”

¡Error! Este razonamiento tampoco es válido. Aunque estudiar es la vía más segura para aprobar, no es la única forma (y pido perdón a maestros y a madres y padres, la lógica es la lógica). Puede ser que hayas prestado atención en clase, que tengas conocimientos previos o simplemente que el examen sea fácil. Negar el antecedente (“no estudié”) no implica necesariamente que el consecuente (“aprobar”) sea falso.

La falacia de la negación del antecedente es una falacia formal, lo que significa que el error está en la estructura lógica del argumento. Aunque las premisas sean verdaderas, si el razonamiento no sigue las reglas de la lógica, la conclusión no se sostiene. Las falacias informales, en cambio, no fallan por la forma, sino por el contenido, el contexto o el lenguaje. Suelen apelar a emociones, prejuicios o distracciones. Por ejemplo, la falacia del hombre de paja o la falacia ad hominem son falacias informales.

Sigamos con la negación del antecedente y supongamos que alguien dice:

“Si un gobierno es transparente, entonces no hay corrupción.”
Se constata que es cierto que “Este gobierno no es transparente.”
Y se afirma: “Por lo tanto, hay corrupción.”

Este razonamiento también cae en la falacia de la negación del antecedente. La falta de transparencia puede ser preocupante, pero no prueba automáticamente la existencia de corrupción. Puede haber gobiernos opacos pero sin corrupción, aunque sean raros.

Otro ejemplo más:

Si el candidato Pérez gana las elecciones, entonces mejorará la economía.

El candidato Pérez no ganó las elecciones.

Conclusión Falaz: Por lo tanto, la economía no mejorará.

En este caso ocurre un curioso fenómeno si eres partidario del candidato Pérez caerás fácilmente en esta falacia, pero si eres partidario del otro candidato descubrirás que el razonamiento no es correcto.  ¿Por qué será? Yo creo que es porque ponemos la lógica al servicio de nuestros objetivos, en lugar de buscar que nuestros objetivos que sean lógicos.

Y, para acabar, un clásico del razonamiento falaz:

“Si como pizza, soy feliz.”
“Hoy no he comido pizza.”
“Por lo tanto, estoy triste.”

¿Seguro? Creo que ahora está claro que esta conclusión es falaz y el por qué.

11 de Noviembre de 2025

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La afirmación del consecuente

La falacia de la afirmación del consecuente es un error lógico formal que se produce en los argumentos condicionales y, curiosamente, es muy común en situaciones cotidianas, al igual que la falacia de la negación del antecedente.

Esta falacia ocurre cuando, a partir de comprobar que se ha producido el consecuente, se asume erróneamente que también se ha producido el antecedente. Por ejemplo:
«Si llueve, la calle estará mojada».
Luego, se comprueba que la calle está mojada y se concluye:
«La calle está mojada, por lo tanto, llovió».

Como se explicaba en la falacia de la negación del antecedente, esta conclusión no es lógicamente válida, ya que la calle podría estar mojada si la hubiesen regado. La lluvia moja el suelo, pero no es la única causa de que el suelo esté mojado.

La afirmación del consecuente y la negación del antecedente son las dos falacias en las que se puede incurrir cuando se hacen razonamientos a partir de argumentos condicionales. La afirmación del consecuente y la negación del antecedente son falacias formales porque el error está en la estructura lógica del argumento, independientemente del contenido. En cambio, las falacias informales dependen del contenido, del contexto o de cómo se presenta el argumento, no de su estructura. Por ejemplo, la falacia ad hominem o la del hombre de paja.

Veamos otro ejemplo:

  1. Si un gobierno implementa políticas de austeridad, entonces la deuda nacional disminuye.
  2. La deuda nacional ha disminuido.
  3. Por lo tanto, el gobierno ha implementado políticas de austeridad.

La disminución de la deuda podría deberse a un boom económico global, al descubrimiento de un nuevo recurso natural, a la venta de activos estatales o simplemente a un cambio en la metodología contable. El éxito no prueba que la causa específica señalada fuera la única o la correcta. Si se es partidario de la austeridad, es más probable caer en este error que si se es escéptico con la autoridad. Es decir, las creencias previas predisponen a la conclusión más que la lógica. Si se es contrario a la austeridad, se hará un esfuerzo por ser lógico para descubrir la falacia. Hay que reconocerlo: somos racionales cuando nos interesa (o estamos forzados a ello).


El Olvido de comprobar lo que falla

Con este ejemplo se pueden realizar dos razonamientos correctos y también cometer dos falacias diferentes. Vamos a verlo:

Premisa: Si un gobierno implementa políticas de austeridad, entonces la deuda nacional disminuye.

Razonamientos correctos:
Afirmación del antecedente (En latín: Modus ponens):

  • El gobierno ha implementado políticas de austeridad.
  • Por lo tanto, la deuda nacional ha disminuido.
    ¡¡¡CORRECTO!!! (Siempre y cuando sea cierta la primera premisa: que la política de austeridad reduce la deuda).

Negación del consecuente (En latín: Modus tollens):

  • La deuda nacional no ha disminuido.
  • Por lo tanto, el gobierno no ha implementado políticas de austeridad.
    ¡¡¡CORRECTO!!! (Siempre y cuando sea cierta la primera premisa: que la política de austeridad reduce la deuda).

Falacias:
Negación del antecedente:

  • El gobierno no ha implementado políticas de austeridad.
  • Por lo tanto, la deuda nacional no ha disminuido.
    ¡¡¡INCORRECTO!!!

Afirmación del consecuente:

  • La deuda nacional ha disminuido.
  • Por lo tanto, el gobierno ha implementado políticas de austeridad.
    ¡¡¡INCORRECTO!!!

Por lo tanto, si queremos corroborar si efectivamente la austeridad reduce la deuda, tenemos que observar si en los países en los que se ha adoptado esa política se ha reducido la deuda (Afirmación del antecedente o Modus ponens) y, también, si en los países que no han reducido la deuda alguno había aplicado la austeridad (Negación del consecuente o Modus tollens). Eso es ser perspicaz, comprobar lo que falla.

Pero si queremos observar qué ha pasado en los países que no han aplicado la austeridad (Negación del antecedente) o si los países que han reducido la deuda han aplicado la austeridad (Afirmación del consecuente), aunque parezca razonable, en realidad no se puede llegar a ninguna conclusión lógica: son falacias, como hemos explicado en este apartado y en el anterior. Eso es pasarse de listo.


Un Toque Final con Humor:

Si mi gato tiene hambre, me mira fijamente.
Compruebo que me mira fijamente, por lo tanto, tiene hambre.
¡¡¡Falso, está valorando tus habilidades como anfitrión de gatos!!!

13 de noviembre de 2025

Fuente: Las provincias

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El ataque personal o falacia ad hominem

La falacia ad hominem, o ataque personal, consiste en ignorar los argumentos a favor o en contra de una afirmación y centrarse en desacreditarla basándose en alguna característica de la persona que la defiende, aunque ésta no tenga relación con el tema en discusión. Este ataque puede dirigirse al carácter, la moralidad, la nacionalidad, la religión, la raza o incluso la forma de vestir de la persona. También se puede poner en tela de juicio sus intenciones o quiénes son sus amigos.

Esta falacia es fácil de reconocer, pero sigue siendo muy utilizada. Por ejemplo, imaginemos a un cruel asesino y violador, un despreciable psicópata que, con una sonrisa en el rostro, dijera que la fruta es muy buena para la salud. ¿No tendríamos un momento de duda y desconfiaríamos de la bondad de la fruta? Nos cuesta separar las opiniones de quien las emite, lo que facilita caer en esta falacia. Para ser racionales y acercarnos a la verdad, es necesario prescindir de las personas y sus circunstancias, y centrarnos en los datos y argumentos.

Ejemplos de ataques personales: Crees en el cambio climático porque está de moda y para caer bien. Dices que el tabaco es malo, pero tú fumas. Estás a favor de la inmigración porque vives en un barrio rico. ¿No hemos oído muchas veces argumentos como estos?

El ataque personal es la solución más fácil para combatir una información cuando no se tienen argumentos en contra. Si no se puede argumentar, se desacredita al oponente. Esto es común en redes sociales, medios audiovisuales y debates políticos. Cuando aparece el ataque personal, la solución más racional es no hacer caso y alejarse de esos foros. ¡Huyamos de los ataques personales!

Antoine de Saint-Exupéry mostró cómo la falacia ad hominem puede actuar, incluso sin debates ni ataques directos. En El Principito, explica la historia del descubrimiento del asteroide donde vivía el Principito.

“Este asteroide sólo ha sido visto una vez con el telescopio, en 1909, por un astrónomo turco. El astrónomo hizo, entonces, una gran demostración de su descubrimiento en un Congreso Internacional de Astronomía. Pero nadie le creyó por culpa de su vestido. Las personas grandes son así.

Felizmente para la reputación del asteroide B 612, un dictador turco obligó a su pueblo, bajo pena de muerte, a vestirse a la europea. El astrónomo repitió su demostración en 1920, con un traje muy elegante. Y esta vez todo el mundo compartió su opinión.” (ANTOINE DE SAINT-EXUPÉRY. El Principito)

16 de enero de 2025

Ilustración del propio Saint-Exupéry para su cuento-poema El Principito.

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La falacia del falso dilema

La falacia del falso dilema consiste en presentar dos puntos de vista opuestos como las únicas opciones posibles, cuando en realidad existen más alternativas.

Por ejemplo: «Elena no ha venido, eso quiere decir que o se ha dormido o ha tenido un accidente.» Se han escogido las opciones que más fácilmente vienen a la mente, pero no son las únicas posibilidades, naturalmente.

En los debates sociales, los falsos dilemas están a la orden del día en un mundo polarizado. Las dos opciones presentadas suelen ser los extremos más radicales. A veces, una de las alternativas es completamente negativa y la otra es la que propone quien argumenta.

No en vano, uno de los lemas preferidos de cualquier líder autoritario, populista o demagogo es «Estás conmigo o estás contra mí». Este es el falso dilema por excelencia, que esconde una coacción moral.

Por ejemplo, actualmente parece que ante el hecho incontestable de las migraciones se tuviera forzosamente que escoger entre «papeles para todos» o la «deportación de los inmigrantes ilegales». Este falso dilema es un insulto al pensamiento y la manera más fácil de renunciar a buscar soluciones a los problemas.

No hay que aceptar los falsos dilemas; siempre se deben cuestionar y revisar en busca de alternativas diversas y variadas.

27 de Marzo de 2025

La falacia del falso dilema es como poner un cartel con dos únicas indicaciones en medio de un prado como si no se puediese ir en cualquier dirección

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La falacia del hombre (… o la mujer) de paja

En 1520 Martin Lutero se quejaba de que la iglesia católica le criticaba por afirmaciones que en realidad nunca había hecho y escribió algo así como “…han construido un hombre de paja para poder atacarlo”. De ahí viene la falacia del hombre (… o de la mujer) de paja, se trata de una falacia informal que consiste en tergiversar los argumentos de otra persona para poder criticarlos con facilidad. Esta tergiversación puede consistir en sacar de contexto alguna afirmación de los oponentes, exagerar o simplificar los argumentos, cambiar detalles pequeños, aunque importantes o, directamente, inventarse afirmaciones que nunca se han hecho.

Por ejemplo: “Los que se oponen a la pena de muerte creen que la vida de un asesino es más importante que las de sus víctimas”. “Los partidarios del aborto pretenden que todas las mujeres aborten”. “Los que quieren impedir la inmigración irregular creen que todos los inmigrantes son delincuentes”. “Las leyes que restringen la publicidad de bebidas alcohólicas son absurdas porque no se puede limitar la libertad individual de beber alcohol”.

Imaginemos que se preguntara a una persona que se considere de izquierdas sobre la ideología de derechas, es más que probable que la describiera acentuando sus aspectos más autoritarios y radicales; pero al revés también pasaría algo parecido si se preguntara a una persona de derechas sobre la izquierda, tendería a mostrar la versión más radical y autoritaria de la izquierda. De esta manera en las redes sociales y en los medios de comunicación asistimos a una fenomenal batalla campal de “personas de paja”. Puras entelequias, personas de paja construidas mentalmente para ridiculizar y descalificar a las otras personas pero que no piensan como ninguna persona real. Démonos cuenta de que el común de las personas corrientes está formado por personas de carne y hueso, moderadas y tolerantes,  y no por personas de paja, exageradas y ridículas.

El antídoto ante esta falacia es reformular las opiniones atacadas con un lenguaje claro y preciso. También conviene mantener la calma y no responder con un contraataque.  Para no caer en la batalla de las “personas de paja” se debería intentar comprender las razones de los otros y saber identificar, en cualquier polémica, tanto los aspectos en los que se está de acuerdo, como aquellos en lo que se disiente.

30 de enero de 2024

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La falacia del argumento ad ignorantiam

Esta falacia se comete cuando se afirma que algo es cierto por la sencilla razón de que nadie ha demostrado que sea falso, aún.  Bertran Russell, en 1952, puso un ejemplo de esta falacia, la famosa tetera de Rusell, con estas palabras:

“Si yo sugiriera que entre la Tierra y Marte hay una tetera de porcelana que gira alrededor del Sol en una órbita elíptica, nadie podría refutar mi aseveración, siempre que me cuidara de añadir que la tetera es tan pequeña que no puede ser vista ni por los telescopios más potentes”

Bertran Russell, 1952,

Lo que quería mostrar Russell es que cuando una afirmación es absurda es fácil ver que el argumento ad ignorantiam no es válido. Pero cuando las afirmaciones son verosímiles o están compartidas con otras personas como las creencias religiosas, el hecho de que no se pueda demostrar su falsedad aparece como un argumento razonable.

Cuando alguien afirma algo debe aportar pruebas a su favor. La trampa de esta falacia está en que rehúye la carga de la prueba y se basa únicamente en la inexistencia de pruebas en contra.

Cuando se acusa a alguien de un delito, se debe demostrar su culpabilidad y el acusado no está obligado a demostrar su culpabilidad. Pero cuando los delitos tienen relevancia social, como la corrupción de políticos, el argumento ad ignorantiam cobra vida en la opinión pública y el hecho de que no haya pruebas claramente exculpatorias se identifica como prueba de culpabilidad.

Naturalmente, este argumento también funciona en sentido contrario. Una proposición no es falsa porque aún no se haya demostrado que sea verdadera.

22 de diciembre de 2024.

Un astronauta, finalmente, atrapa la tetera de Russell en el espacio (Ilustración de someMASCus en Deviant Art)

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La falacia circular o del círculo vicioso

Un razonamiento consiste en plantear una premisa y, a partir de ella, llegar a una conclusión. En la falacia circular la conclusión se basa en las premisas, pero la premisa se basa a su vez en la conclusión. Es como caminar en círculos, siempre se pasa por el mismo sitio y no se llega a ninguna parte. Ejemplo:

a) Si los extraterrestres existen, entonces viven en otros planetas.

b) Si viven en otros planetas, entonces vienen a la Tierra desde otros planetas.

c) Si los extraterrestres vienen a La Tierra desde otros planetas, entonces los extraterrestres existen.

En esta imagen vemos un divertido cuento basado en la falacia circular. Pero pensemos cuantas veces se cuela esta clase de argumentos circulares en la vida diaria.

22 de noviembre de 2024.

 

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