Trilogía del agravio (1): La brecha moral

¿Por qué siempre nos creemos los «buenos» de la película?

Existe una trampa incómoda en nuestra psicología. Tendemos a pensar que el mal es algo que ejecutan los otros y que nuestra postura frente a los conflictos es siempre la justa. Y cuanto más intenso es el conflicto, más seguros estamos de nuestro criterio. Sin embargo, la evidencia científica nos muestra un cuadro bastante más complejo.

En un célebre estudio, Arlene Stillwell y Roy Baumeister (1) facilitaron a un grupo de participantes un escrito que contaba la historia de un conflicto interpersonal —una promesa incumplida entre dos amigos— y se les pidió que narrasen esa historia que habían leído pero adoptado, bien el punto de vista de las víctimas, bien el del traidor. El resultado fue revelador:

  • Quienes asumían el rol de víctima tendían a describir el inicio del conflicto muy atrás en el tiempo, percibían la acción del otro como incomprensible o intencionada para hacer daño, y juzgaban las consecuencias como graves y duraderas.
  • Quienes adoptaban el rol de perpetrador, en cambio, situaban el problema en un hecho puntual y casual, aportaban justificaciones lógicas del comportamiento del perpetrador, minimizaban los efectos del daño y esperaban un borrón y cuenta nueva.

Lo impactante es que los participantes no jugaban nada en el experimento, aun así, el sesgo producido por tomar partido los llevó de manera inexorable a distorsionar los hechos. No se trataba de una simulación para manipular a los participantes, sino de un autoengaño genuino: el que adoptaba el punto de vista de la víctima se creía realmente su versión exagerada del daño, y el que juzgaba desde la posición del perpetrador se creía el relato en el que se atenuaba la culpa. Y lo que es más impresionante es que no parece que cueste ningún esfuerzo adoptar un papel, o el otro. Lo difícil, sino imposible, es ser neutral.

Steven Pinker (2) denominó a esta divergencia sistemática la «brecha moral». Esta grieta interpretativa es una auténtica zanja que nos impide alcanzar el bien común. Cuando dos partes en conflicto evalúan el sufrimiento por los agravios desde sus respectivas orillas, ambas reclaman la razón moral absoluta. Comprender que nuestra visión del conflicto está intrínsecamente distorsionada es el primer paso —y la pértiga indispensable— para superar esa brecha moral y buscar antídotos basados en la imparcialidad, la mediación y el diálogo.

La brecha moral. La victima hiperboliza el agravio, el perpetrador lo atenúa y el observador imparcial tiene que atender a la cronología de los hechos y valorar si las reacciones son proporcionadas.

Los límites de nuestro círculo moral

En este experimento se les asignaba a los participantes el punto de vista que debían adoptar, pero en la vida real ¿Cómo decidimos de qué parte estamos?

En otra entrada de este blog:  Las dos caras de la indignación moral ya expliqué que los filósofos rumanos Emilian Mihailov, Cristina Voinea y Constantin Vică (3), identifican dos caminos para tomar partido en un conflicto, el de la lealtad al grupo y el de la compasión por el sufrimiento del desvalido.

  1. La lealtad al grupo: Con este valor moral, en una situación de conflicto, nos identificamos con «los nuestros» o con «los más parecidos a nosotros». No importa que sean perpetradores o víctimas. Es una empatía restringida que busca la cohesión del grupo: alimenta la solidaridad interna, pero resulta incapaz de combatir la intolerancia o la incomprensión hacia quienes están fuera del círculo.
  1. El sufrimiento: Se basa en el valor de la compasión por las víctimas que incita a ponerse de parte de los más vulnerables y desvalidos en un conflicto y considerar inmoral infringirles daño. Al igual en el caso de la lealtad, aquí no importa que sean víctimas o perpetradores, se apoya al más débil.

La crisis de Ceuta

En julio de 2026, la ciudad autónoma de Ceuta sufrió una entrada masiva de migrantes procedentes de Marruecos. Según cifras del Gobierno español, entre el 30 y el 31 de julio entraron alrededor de 72.000 personas (4), muchas de ellas cruzando a pie o a nado por la zona del Tarajal. En septiembre de 2026, aún permanecían en Ceuta entre 2.000 y 10.000 personas, y Ceuta tiene una población de aproximadamente 83.500 habitantes, por lo que la llegada de tantas personas supuso una gran presión para la ciudad.

Ante esta situación, las ONG y organizaciones humanitarias defendieron la atención y protección de los migrantes, mientras que gran parte de las autoridades y de la población ceutí reclamaron más control fronterizo y ayuda del Gobierno y de la Unión Europea para gestionar la crisis. En España, una gran cantidad de la población se solidarizó con los ciudadanos ceutíes siguiendo el principio de la lealtad: una persona adopta el punto de vista de sus compatriotas y no el de los extranjeros, calificando a los migrantes de invasores. Sin embargo, también hubo diferentes sectores de la sociedad española que tomaron partido por los migrantes porque consideraban que eran las personas más vulnerables, más débiles y que precisaban ayuda.

Creo que, con lo que hemos expuesto, podemos ver que las dos posturas son comprensibles, y lo que es inaceptable es que se conviertan en incompatibles. Eso es la polarización (5): cuando quienes apoyan a los ceutíes son tildados de racistas por el otro bando y quienes reclaman ayuda y acogida para los migrantes son tachados de antipatriotas. En este mundo polarizado no está de moda ser equidistante, pero sinceramente creo, y esta es una opinión y convicción totalmente personal, que no se puede resolver un conflicto sin comprender, reconocer y respetar las razones y las emociones de ambos bandos, que pueden ser, de entrada, totalmente irreconciliables.

Una muestra de solidaridad por lealtad fue la iniciativa de la Asociación Valenciana de Empresarios que, con el respaldo de la Liga de Fútbol Profesional, procuró que los jugadores saltaran al césped con una camiseta con el lema «Todos somos de Ceuta». Sin embargo, algunos jugadores decidieron doblar y ocultar parcialmente el mensaje de esa camiseta solidaria en uno de los partidos. Uno de esos jugadores, al ser interpelado sobre su actitud, respondió que apoyaba a la gente de Ceuta, pero que no quería «priorizar una forma de sufrimiento sobre otra» (6).

En mi opinión, esa frase ha sido una de las más emocionalmente inteligentes que he oído sobre el tema. El daño objetivo se puede evaluar, pero nadie tiene potestad para clasificar y determinar si una persona sufre subjetivamente más que otra.  No es aceptable hacer un ranking de sufrimientos, reconocer el sufrimiento no significa negar el sufrimiento del adversario.

El juicio de Salomon. De Nicolas Poussin. Imagen de dominio público.

Conclusiones: La automanipulación

En este mundo polarizado donde la manipulación informativa manejada por intereses oscuros está a la orden día, surge un peligro inadvertido: la automanipulación. Si de buenas a primeras adoptamos partido por una de las partes en un conflicto, aceptamos tener un juicio sesgado. Deberíamos intentar honestamente comprender las razones y el punto de vista de cada parte, aunque no se compartan, antes de llegar a un juicio sobre el conflicto. Si nos negamos a hacer este ejercicio y nos dejamos llevar por la indignación moral (Ver la entrada de este blog: Las dos caras de la indignación moral) provocada por tomar partido por una de las partes, nos estamos manipulando a nosotros mismos. Es recomendable aplazar el juicio sobre el conflicto , comprender las razonas de ambas partes y, luego, eso sí, decidir. En resumen, cuando observamos un conflicto, primero tomamos partido y luego lo analizamos y tendría que ser al revés, primero analizar y, luego, tomar partido.

Notas.

1.- Este es el estudio: Baumeister, R. F., Stillwell, A., & Wotman, S. R. (1990). Victim and perpetrator accounts of interpersonal conflicts: Autobiographical narratives about anger. Journal of Personality and Social Psychology, 59(5), 994–1005. https://doi.org/10.1037/0022-3514.59.5.994

2.- Ver Pinker, S. (2011). The better angels of our nature: Why violence has declined. Viking Books.

3.- Mihailov, E., Voinea, C., & Vică, C. (2021). The moral psychology of outrage and its ethical implications. Ethical Theory and Moral Practice, 24(4), 985–1001.

4.- En realidad estas cifras son sólo aproximadas. El baile de cifras sobre este caso ha sido frenético y, como sería de esperar, las cifras de migrantes en Ceuta varían según el interés de la fuente que hace la estimación. Se puede ver un intento de contrastar y verificar las informaciones aquí: https://www.rtve.es/noticias/20260922/cuantos-migrantes-permanecen-ceuta-desde-entrada-masiva-asi-sido-choque-cifras/17234362.shtml

5.- Ver La Polarización Afectiva: Cuando el odio a los otros es mayor que el amor a nosotros.

5.- El futbolista que hizo esta declaración es francés y se llama Kylian Mbappé, aquí está la noticia: https://espndeportes.espn.com/futbol/espana/nota/_/id/17266411/real-madrid-mbappe-por-que-oculto-camiseta-mesaje-para-ceuta

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