Definitivamente, el mindfulness se ha incorporado a la cultura popular, aparece en los medios, se ha introducido en la atención a la salud, en las empresas, en la escuela. Una muestra del prestigio del mindfulness es que en el reciente informe conjunto de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial del Trabajo (OIT) se cita el mindfulness entre las medidas psicoeducativas a adoptar para reducir el estrés laboral (1). Pero el mindfulness también es una víctima del pensamiento dicotómico, o bien se le presenta como una panacea universal que lo sana todo; o bien se le ve como una superchería de coaches que sacan dinero haciendo cursos de superación personal para ejecutivos que se dejan llevar por las modas.

El sentido común apuntaría a que probablemente no sea ni lo uno ni lo otro. En realidad, creo que el mindfulness y todas las personas que lo practican se merecen una mirada atenta, curiosa y que no prejuzgue. Y es lo que voy a intentar en esta entrada, procurando ser ecuánime, pero sin pretender dejar de ser subjetivo, parcial y limitado.

Mindfulness en la época New Age

El 1 de agosto de 1971 se celebró en el Madison Square Garden de Nueva York (Estados Unidos) el Concierto por Bangladesh, organizado por el ex-Beatle George Harrison y el virtuoso del sitar, Pandi Ravi Shankar. Cuando el famoso músico indio subió al escenario, después de decir unas palabras, afinó el sitar con su grupo de músicos tocando unas cuantas notas, finalizado lo cual el público aplaudió con ganas. Ante esta reacción inesperada, Shankar tuvo que decir que le congratulaba que les hubiese gustado la afinación y que esperaba que la actuación les gustase más aún. Parece ser público desconocía totalmente la música india basada en el sitar, pero como vieron a un músico simpático vestido con ropajes impolutamente blancos, descalzo, sentado en el suelo y radicalmente pacifista llegaron a la conclusión que no podía tocar mal (2).

Ravi Shankar el virtuoso del sitar amigo de los Beatles e icono del New Age

Esta anécdota de la época hippie resume la fascinación orientalista en la cultura occidental, esta corriente surgió al final del período de la ilustración arropada por el naciente romanticismo. Intelectuales y artistas europeos (y luego estadounidenses) buscaron inspiración en los misterios de oriente, especialmente la conexión entre mente, cuerpo y espíritu ante el avance implacable de la ciencia. Quizás la cultura New Age de la California de la época hippie fue uno de los puntos culminantes del orientalismo occidental.

En ese caldo de cultivo surgió el mindfulness, pero en sus inicios fue un perfecto desconocido, eran mucho más famosas otras prácticas de inspiración oriental que utilizaban como reclamo a seguidores famosos como estrellas del rock o actrices de cine. Hoy en día el mindfulness ha prevalecido y se ha extendido y las otras prácticas se han desprestigiado. Veo al mindfulness como esos pequeños mamíferos diminutos que convivían con los dinosaurios y que cuando éstos se extinguieron, colonizaron la tierra por ser más adaptables ¿Qué tiene el mindfulness que no tenían las prácticas New Age? Pues en mi opinión dos cosas lo primero, la ciencia, y lo segundo que demostró que solucionaba problemas de las personas.

En la década de los 70 del siglo veinte algunos jóvenes investigadores en el campo de la conducta y el cerebro, entre protesta y protesta contra la guerra de Vietnam, se plantearon el estudio científico de la conciencia y la felicidad. Con las técnicas de laboratorio de las que se disponía en esos años, menos sofisticadas que las actuales, intentaron buscar los mecanismos cerebrales alternativos a la brutal respuesta de lucha o huida basada en el sistema simpático y la adrenalina, responsable del estrés. Con este ánimo, se examinaron científicamente prácticas mentales de origen oriental como la expansión de la conciencia, la respiración profunda y la meditación, se buscaba inspiración en actitudes alternativas a las predominantes en la frenética sociedad de consumo de la época. Paralelamente, en esos mismos años los psicólogos cognitivo-conductuales triunfaban aplicando el método científico a la evaluación de sus terapias, demostrando que, si se comparaba sus resultados objetivos con grupos control, sus resultados eran superiores.

En medio de este ambiente académico, Jon Kabat-Zinn en el Centro Médico de la Universidad de Massachusetts desarrolló un curso de reducción del estrés basado en la atención plena (que es como se suele traducir en español el término mindfulness), despojándola de sus connotaciones budistas, pero sin esconderlas, ni renegar de ellas. El curso era de ocho semanas y se convirtió en una especie de estándar clínico y científico. El curso incluía sesiones de entrenamiento grupales semanales de dos o dos horas y media, 45 minutos de trabajo diario por cuenta propia y un retiro de un día. La cuestión importante es que se evaluaron los resultados de manera objetiva demostrando su eficacia (3).

Es decir, el mindfulness no es un método exclusivo de un gurú al que ha llegado la iluminación, ni nada que se le parezca. Es un método, inspirado en la meditación budista, que se puede describir objetivamente, que cualquier persona puede aprender a aplicarlo con los instructores adecuados y que puede ser examinado y avaluado por grupos de investigación independientes. Es decir, está dentro del campo científico. El papel de Kabat-Zinn como pionero está reconocido universalmente, pero el mindfulness es una obra colectiva gracias a psicólogos y médicos que aplican el método científico en diferentes universidades y hospitales de todo el mundo.

¿En qué consiste el mindfulness?

En esencia, practicar mindfulness es pararse y prestar atención al momento presente, con curiosidad, amabilidad y sin juzgar; y nada más. En concreto, el entrenamiento en mindfulness comienza, usualmente, con un ejercicio básico que consiste en sentarse de la manera que resulte cómoda, pero siempre con la espalada recta, cerrar los ojos y prestar atención a la propia respiración centrándose en las sensaciones corporales que produce.  No se debe buscar nada, ni hacer nada y los pensamientos que, inevitablemente, aparecen, deben ser apartados de manera suave, volviendo a centrar la atención en cómo se respira. Es así de sencillo, puesto que la atención plena se consigue más fácilmente si se concentra la atención en algo físico y tangible. El siguiente paso es pasar a ejercicios de monitorización más abierta, en los que la atención se va posando en lo que está ocurriendo en cada momento, es decir, a los pensamientos, emociones y sensaciones que van apareciendo.

Un punto muy importante del mindfulness es que no tiene ningún objetivo a lograr, ninguna meta a conseguir, ningún premio a merecer, no se trata de llegar a la relajación o producir bienestar, se trata de sentir lo que hay en el presente y aceptarlo, sea placentero o doloroso.

Con el entrenamiento, el tiempo de atención plena va aumentando progresivamente hasta periodos relativamente largos. Los ejercicios mentales a partir de la atención y la imaginación son sorprendentemente variados y se pueden realizar estando sentado, o tumbado, o caminado o realizando lentos movimientos.

La profesora Antoine Lutz y su equipo de investigación del Waisman Loboratory de for Brain Imagining and Behavior de la Universidad de Wisconsin (Estados unidos) se han dedicado a estudiar los cambios cerebrales producidos por el mindfulness y han ofrecido una clasificación los diversos tipos de meditación que se pueden realizar, comprobando que se corresponden con activaciones de diferentes partes del cerebro.  El básico es el que parte de la atención, como ya hemos explicado, y puede ser focalizado o abierto. Otro tipo de ejercicios de meditación es el relacionado con lo que estos investigadores denominan la familia de prácticas constructivas que consisten en tomar conciencia de patrones mentales, como la compasión o el perdón, que fortalecen el bienestar. La tercera familia de ejercicios serían la deconstructiva que está relacionadas con deshacer patrones de conciencia a partir de cuestionarse y replantearse las percepciones, emociones y cogniciones que se experimentan (4)

A parte de la esta práctica formal, estructurada y guiada, se puede realizar una práctica informal del mindfulness que consiste en prestar atención a las actividades cotidianas (desde pasear a limpiar los platos) ejercitando la toma de conciencia, la observación de los sentidos y la atención a lo que ocurre en el momento presente.

Dado que el mindfulness es una práctica abierta, en evolución, a la que diferentes grupos y personas pueden aportar su punto de vista es un campo amplio y variada y se da en realidad la circunstancia de que el mindfulness puedes ser algo distinto para cada persona.  Voy a proponer ver el mindfulness bajo tres perspectivas entendido como una terapia, como un hábito saludable o entendido como una afición.

Mindfulness como terapia.

Para saber si el mindfulness realimente cura trastornos psicológicos no es suficiente comprobar la satisfacción de los participantes al final de un curso, es necesario demostrar que los resultados son mejores que los observados en un grupo control sin tratamiento, o mucho mejor aún mejores que los de un grupo tratado con otro tipo de tratamiento que ya se sabe que funciona, el ensayo clínico ya es perfecto cuando la asignación a un grupo u otro está hecha al azar, es aleatorio.

Pues bien, desde las primeras publicaciones de resultados del mindfulness, los estudios se han ido multiplicando y aumentando progresivamente. Es una verdadera avalancha, pero no todos son de la misma calidad metodológica; muchos son favorables, pero otros no tanto. Para hacer una idea global del conjunto se estudios, los científicos realizan metaanálisis, es decir juntan los resultados de todos los ensayos clínicos realizados para un trastorno determinado y analizan conjuntamente los resultados.

Simon B. Golberg al frente de un equipo de investigadores de la Universidad de Wiscosin-Madison y de la Universidad Brown (ambas en Estados Unidos) realizó un impresionante estudio en el que se analizó los datos de 44 metaanálisis cada uno de los cuales analizaba varios estudios controlados y aleatorios de intervenciones basadas en el mindfulness, en total la documentación estudiada implicó a 30483 participantes. Los resultados indicaron con claridad que el mindfulness producía un efecto terapéutico superior a no hacer nada e igual o mejor en comparación con la aplicación otras terapias reconocidas como eficaces (por ejemplo, la cognitivo conductual) tanto al final del tratamiento como después de un seguimiento (5).

Naturalmente hay que hacer precisiones, el mindfulness no es superior a otras terapias para cualquier problema psicológico, lo es para la ansiedad, la depresión, para dejar de fumar, o eliminar el abuso de sustancias y la superioridad no es tan acusada para los efectos psicológicos negativos de sufrir enfermedades como el cáncer o el dolor crónico.

Por lo tanto, es indiscutible que el mindfulness es una terapia eficaz para determinados trastornos psicológicos y, sí no es la más efectiva, no lo es menos que las más efectivas.

Pero naturalmente, tenemos que hacernos más preguntas. Resulta que la investigación clínica ha demostrado que el factor principal del éxito terapéutico en los trastornos psicológicos no es la metodología utilizada, sino en primer lugar el terapeuta (el vínculo que se establece entre paciente y terapeuta) y, en segundo lugar, la confianza en la terapia (6).  Estos factores no se los salta el mindfulness, para que funcione necesita de la confianza del usuario en el método y en el terapeuta como el resto de las terapias.  Golberg y sus colaborados concluyen, sin embargo, que los resultados indican que junto con estos factores inespecíficos el mindfulness, como método, tiene, en algunos estudios, un claro efecto propio.

Aún quedan importantes interrogantes a despejar. No todos los pacientes se benefician por igual del mindfulness, por lo tanto, la pregunta seria si hay in perfil de persona que le haga candidata a practicar mindfulness como terapia y un perfil que lo desaconsejara. La existencia de efectos adversos que, aunque poco frecuentes, existen, lo aconsejaría (7). Dado que una persona no puede recibir terapia basada en le mindfulness sin saberlo (como cuando se da pastilla sin que el paciente sepa si es placebo o medicina), por esto no se puede ¡n hacer ensayos clínicos totalmente a ciegas y es muy posible que haya un sesgo de reclutamiento en los ensayos clínicos y que los pacientes que buscan solucionar sus problemas farmacológicamente, por ejemplo, ni hayan accedido a las pruebas para ser seleccionados como muestra de los ensayos clínicos

Y finalmente, un comentario obvio. Que haya una gran cantidad de estudios de calidad metodológica que demuestren que el mindfulness es eficaz terapéuticamente no significa que cualquier oferta terapéutica que use mindfulness (o que use la palabra) tenga que ser útil, hay que asegurarse que la práctica del mindfulness cumple con el estándar fijado en los ensayos clínicos.

Mindfulness como hábito

Aunque está claro que el mindfulness puede ser una terapia eficaz para trastornos diagnosticados médicamente, también es una práctica a la que se acercan muchas personas sanas, sin patologías psicológicas, que buscan mayor bienestar, más calma, y más paz interior. Visto de esa manera se puede considerar el mindfulness como un hábito saludable que, potencialmente, tendría como consecuencia la prevención de las enfermedades, en línea con otros hábitos relacionados con el estilo de vida, como adoptar una dieta sana o mantener una actividad física regular.

Ahora la cuestión es saber qué evidencias tenemos de las consecuencias objetivas de practicar este hábito. Judson A. Brown de la Facultad de Medicina de la Universidad de Yale (Estados Unidos) al frente de un grupo de investigación de diferentes universidades, estudió los cambios en cerebrales durante la práctica del mindfulness. Para ello seleccionó a dos grupos, uno de personas que llevaban 10 o más años meditando (con una media de 10.000 horas de experiencia) y otro de personas sanas sin experiencia. Los resultados indicaron que, durante la meditación, los expertos meditadores, en comparación con el otro grupo, desactivaban la Red por Defecto del cerebro, este circuito es un conjunto de áreas cerebrales que se activan cuando no estamos haciendo nada en particular, y es el responsable de divagar, de distraerse y de “tener la cabeza en otro sitio” (8).

Bueno parece que si te pasas 10000 horas meditando te distraes menos, pero eso… ¿Es importante? Para responder a esta pregunta es necesario tener perspectiva e intentar ver el conjunto de los cambios en las funciones psicológicas de las personas que tienen el hábito bien establecido. Esta perspectiva general se puede hallar en un excelente artículo de revisión de estudios científicos realizado por la Dra Britta K. Hötzel y un grupo de colaboradores del Bender Institute of Neuroimaging de la  Justus Liebig-University (IAlemania) y del Hospital General de Massachusetts de la Facultad de Medicina de Harvard (Estados Unidos), en el  que se analizan los efectos del mindfulness y se resumen en cuatro ámbitos: Atención, Percepción corporal, Regulación emocional y Perspectiva del yo. Además, identifica las áreas cerebrales que cambian en función del desarrollo de cada uno de estos ámbitos. Vamos a repasarlas brevemente (9).

  • Atención. – La práctica del mindfulness conduce a un aumento de la capacidad de focalizar y mantener la atención. Es decir, el mindfulness hace posible mantener el foco en una tarea por más tiempo. La atención es una función esencial para el funcionamiento cognitivo sin la cual es difícil llevar a cabo tareas complejas (10).
  • Percepción corporal. – La percepción corporal consiste en ser sensible al estado del cuerpo y a sus cambios. La sensibilidad corporal permite ajustar el comportamiento al estado corporal y sus necesidades y no al revés, y por lo tanto ayuda a la salud. Por mi experiencia en el campo del estrés, una de las razones por las que el estrés perjudica a la salud es que, en las situaciones de estrés alto, se inhibe la percepción corporal para centrarse en las amenazas del entorno. Así, se continua en vigila cuando se tiene sueño, se continúa trabajando cuando se está cansado, se come sin hambre, o se ayuna cuando se tiene hambre, o se mantienen posturas forzadas o se realizan movimientos dañinos (11). El no prestar atención al cuerpo arruina la salud.
  • La regulación emocional. – El mindfulness mejora la regulación emocional, pero esto no significa no sentir las emociones, ni suprimirlas, tampoco significa experimentar sólo emociones placenteras. El mindfulness acepta tanto las emociones placenteras como las dolorosas. La regulación emocional es sentir las emociones, pero sin urgencias, ni intensidad máxima y, lo que es más importante, sin que las emociones se conviertan en permanentes, sino que vayan fluyendo y cambiando a lo largo del paso del tiempo. En muchas ocasiones, hay situaciones imprevistas que por su importancia causan una reacción emocional, el mindfulness no evita la emoción, pero reduce la reactividad, es como si el meditador fuera capaz de contar hasta 3, antes de reaccionar emocionalmente ante cualquier reacción.
  • La perspectiva del yo. – Este ámbito es muy compleja y tiene muchas facetas, de entre las cuales, en mi opinión, destaca el descentramiento. Descentramiento es no creer que el yo es el centro del mundo y verse a uno mismo como una persona que tiene conciencia en función de su punto de vista, que puede ir cambiando, y que otras personas pueden tener otros puntos de vista y otras percepciones. El descentramiento ayuda a no confundir la percepción subjetiva propia con la realidad objetiva. El descentramiento forma parte de la metacognición, es decir tener conciencia de los propios procesos mentales y de su fugacidad y relatividad.

Parece que el mindfulness tiene unos efectos fantásticos, ¿Algo que objetar? Bueno, hay que reconocer que para obtener estos efectos tan importantes de manera estable se necesita mucha práctica y dedicación. Si una persona no entrenada se somete a una sesión de demostración de mindfulness, acabará sintiéndose maravillosamente, pero ese bienestar se disipa rápidamente y pronto se vuelve al ajetreo diario. Los primeros efectos se pueden hallar después de dos meses de práctica constante y diaria (eso es lo que duran los programas están de terapia basada en mindfulness), con estos programas se puede hacer frente a problemas concretos, pero no aseguran un cambio estable ni inmunidad ante el estrés (12). Es decir que hace falta mucha práctica, mucho tiempo y no todo el mundo está dispuesto a ello. Nos encontramos ante el mismo problema que con la terapia, debemos preguntarnos si estos efectos del mindfulness tan poderosos son únicamente resultados de la práctica o es que hay personas con ciertas predisposiciones que le llevan a perseverar en la práctica y así conseguir esto resultados, producto de la interacción entre la personalidad de base y la práctica continuada.

Cuando se pasa de la afición al mindfulness a una devoción.

Hay un momento que los simples hábitos saludables pueden pasar a ser una afición. Hay personas que tienen la costumbre de correr un rato para mantenerse en forma, pero si un corredor aficionado da un paso más y se apunta a una carrera popular, de entrada ya tiene una razón más para seguir entrenando y resulta que su hábito se empieza ha realizar por diferentes motivos que no se reducen estrictamente a promover su salud individual, porque cuando se inscribe en una carrera popular aparecen otros alicientes: es una actividad social, es lúdica, se anima a otras personas a participar, y muchas otras cosas más.

Con la práctica del mindfulness creo que puede pasar algo parecido (aunque en este caso no tenga a mano estudios que lo demuestren), personas que hacen cursos de ocho sesiones, por las razones que sean, pueden continuar cultivando el hábito tanto individualmente como participando en diferentes grupos formales. Una característica de la formación en mindfulness es que nunca se acaba. No se dice: “Bien ya he aprendido a relajarme, y ya está no practico más”. En realidad, el desarrollo del hábito, si los inicios han sido satisfactorios, lleva a intentar pasar a niveles más profundos, a mejorar. De esta forma se pasa sin saberlo de practicar un simple hábito saludable a una afición en la que se busca practicar más tiempo, leer sobre ello, saber más cosas y compartir las experiencias con otras personas.

Pero se puede dar un paro más. Jon Kabat-Zinn (13) explica con mucha claridad que el objetivo del mindfulness es traspasarlo a la vida cotidiana de cada uno, aplicándoselo él a sí mismo, con la conciencia de que no es posible hacerlo totalmente, sino que se trata de vivir con conciencia en el presente todo lo que se pueda. Esto es un poco más que afición, esto es devoción. El mindfulness no es un truco par tener bienestar que utilices a tu antojo, es una forma de vivir que se tiene que respetar.

Voy a poner un ejemplo de otro tipo de devoción, una persona puede adoptar una dieta saludable como forma de prevenir enfermedades y, mantener la salud. Pero si se preocupa por a la alimentación, se aficiona a comer sano y pasa a seguir una dieta vegana, de kilómetro cero, halal, kosher, o de otro tipo, no se limita a su beneficio personal a la salud. Los motivos pueden ser mantener el medio ambiente, seguir pautas de pureza religiosa, o ser equitativo socialmente, cada persona tendrá sus creencias. Por eso digo que es ya una devoción, porque tener devoción es someterse voluntariamente a algo que se admira y se respeta y se cree que contribuye al bien común, más allá de los beneficios individuales que se obtengan practicando la devoción.

Pues bien, la práctica del mindfulness puede llegar a ser una devoción (no en el sentido estrictamente religioso) cuando se descubre que la práctica mindfulness no es algo que te sirve a ti únicamente, si no que sirve para que otras cosas vayan mejor, o para que otras personas se sientan mejor. Un ejemplo de devoción al mindfulness es la Psicología Positiva Contemplativa que han desarrollado, entre otros, Ausiàs Cebolla de la Universidad de Valencia y David Alvear de la Universidad del País Vasco, este enfoque tiene como centro vital el cultivo de la compasión, que consiste en la sensibilidad ante el sufrimiento de uno mismo y de otros, acompañado de un compromiso firme para impedirlo o aliviarlo. En este caso, la práctica del mindfulness no se centra en uno mismo sino en el sufrimiento que hay alrededor, se pasa de buscar el bien individual solamente a buscar el bien común, en ese sentido digo que es una devoción (14).

Conclusión.

Para acabar habría que precisar dos cosas que NO son mindfulness.

  • Mindfulness no es un método para conseguir el éxito. En el mundo de la empresa los cursos de mindfulness se pretender vender como una forma de obtener el éxito, aumentar la productividad y la creatividad de los empleados (Búsqueda de Google de “mindfulness” y “éxito”: 8.800.000 resultados, ni más ni menos). Bueno, eso creo que es todo lo contrario del mindfulness, que no persigue obtener sino ser. Está bien que se introduzca el bienestar y al salud en las empresas, pero eso implica un cambio cultural en el que los resultados se consiguen respetando la salud y el bienestar de los trabajadores, no exprimiendo la salud y el bienestar.
  • Mindfulness no es fortalecer el poder de la mente. Hay una visión popular que ve la mente como una personita pequeña que está dentro de nuestra cabeza y nos controla. Percibe, valora, decide y nos manda arrancar o parar como el cochero de una carroza. Se supone, siguiendo esta visión, que las técnicas mentales se basan en entrenar la mente para que sea más fuerte y conseguir todo lo que deseamos, “si quieres, puedes”. “No importa la realidad sino como la percibimos y nuestra voluntad “sería el principio rector de esta idea. (Búsqueda de Google de “mindfulness”, “poder» y «mente»: 3.870.000 resultados, casi nada). La verdad es que en este caso el mindfulness también es todo lo contrario, muestra mente es falible, fugaz, vana y cambiante y nuestro yo no está en la profundidad de nuestra cabeza sino en medio de nuestras relaciones sociales.

Por lo tanto, se puede concluir que el mindfulness es una práctica que cura, que promueve la salud y que fomenta actitudes sociales solidarias con la naturaleza y las personas. Pero quizás la práctica del mindfulness no sea para todas las personas, habrá quien no la necesite y habrá quien, por su personalidad no se pueda amoldar a la disciplina del hábito en mindfulness. En mi opinión particular, si el mindfulness se hiciera obligatorio en las escuelas, por ejemplo, sería un total fracaso. La actitud mindfulness no se puede obligar. Lo que no hay duda es lo que me ha enseñado este paseo por la investigación en mindfulness es que se puede mejorar en atención consciente al mundo, al cuerpo, a las emociones y a la mente y que eso es un camino para ser más compasivo. En definitiva, el mundo necesita personas conscientes, atentas y compasivas, si es mediante el mindfulness o por otra vía, no es probablemente, lo más importante.

Agradecimientos.

Quiero agradecer a David Alvear de la Universidad del País Vasco y director de Kontempla, su guía y ayuda para poder escribir esta entrada. También quiero agradecer a Jenny Moix, colega de la Universidad Autónoma de Barcelona sus comentarios.  Y a Tomás Blasco, también colega de la UAB, a la importante información bibliográfica que me ha proporcionado y su interés.

Notas

1.- Este informe se titula: ILO/WHO Joint Policy Brief: Mental health at work, fue publicado el 28 de septiembre de 2022, y se puede consultar en este link: https://www.ilo.org/wcmsp5/groups/public/—ed_protect/—protrav/—safework/documents/publication/wcms_856976.pdf

En el momento de hacer la consulta (6 de octubre de 2022), no había aún la versión española, pero con creo que tarde en aparecer.

2.- La película del Concierto por Bangladesh se puede encontrar gratis en Vimeo: https://vimeo.com/66413717 la anécdota de la afinación se puede ver en el minuto 6:20

3.- Jon Kabat-Zinn es neoyorkino, es médico hijo de médico y se doctoró en la Universidad de Massachussets (Estados Unidos) en bioquímica, en 1971, bajo la dirección de un premio Nobel, el turinés Salvador Luria, luego se dedicó al mindfulness.  Es muy conocido actualmente, se pueden encontrar sus libros fácilmente en Internet y comprarlos en cualquier librería, la mayoría están traducidos al español, por lo que me costaría destacar uno en concreto. Para leer una excelente exposición de lo que es el mindfulness y su base científica se puede leer: Ausiàs Cebolla, Javier García-Campayo y Marcelo Demarzo (2014). Mindfulness y Ciencia. De la tradición a la Modernidad. Se puede leer una buena descripción del ambiente científico en el que surgió el mindfulness en: Alvin Powell (2018). When Science meets Mindfulness. The Harvard Gazette. https://news.harvard.edu/gazette/story/2018/04/harvard-researchers-study-how-mindfulness-may-change-the-brain-in-depressed-patients/

4.- Las conclusiones de estas investigaciones se puede examinar en detalle en los siguientes artículos:

Lutz A, Slagter HA, Dunne JD, Davidson RJ. Attention regulation and monitoring in meditation. Trends Cogn Sci. 2008 Apr;12(4):163-9. doi: 10.1016/j.tics.2008.01.005.

Dahl CJ, Lutz A, Davidson RJ. Reconstructing and deconstructing the self: cognitive mechanisms in meditation practice. Trends Cogn Sci. 2015 Sep;19(9):515-23. doi: 10.1016/j.tics.2015.07.001

5.- La referencia completa de este artículo es: Goldberg, S. B., Riordan, K. M., Sun, S., & Davidson, R. J. (2022). The Empirical Status of Mindfulness-Based Interventions: A Systematic Review of 44 Meta-Analyses of Randomized Controlled Trials. Perspectives on Psychological Science17(1), 108–130. https://doi.org/10.1177/1745691620968771

6.- Un libro, ya clásico, en el que e trata este tema es:  Wampold, B., & Imel, Z. (2015). The Great Psychotherapy Debate: The Evidence for What Makes Psychotherapy Work. New York, NY: Routledge.

7.- Se puede consultar, por ejemplo, el siguiente artículo: Farias, M., Maraldi, E., Wallenkampf, K. C.,  Lucchetti, G. (2020) Adverse events in meditation practices and meditation-based therapies: a systematic review. Acta Psychiatrica Scandinavica. 142(5), 374,393. https://doi.org/10.1111/acps.13225

8.- El artículo citado es: Brewer, J. A., Worhunsky, P. D., Gray, J. R., Tang, Y. Y., Weber, J., & Kober, H. (2011). Meditation experience is associated with differences in default mode network activity and connectivity. Proceedings of the National Academy of Sciences108(50), 20254-20259.

Por cierto, de la Red por Defecto ya hablé en otra entrada de este blog: ¿A DÓNDE LLEVA DEJAR VAGAR EL PENSAMIENTO LIBREMENTE?

9.- El artículo es: Hölzel BK, Lazar SW, Gard T, Schuman-Olivier Z, Vago DR, Ott U. How Does Mindfulness Meditation Work? Proposing Mechanisms of Action From a Conceptual and Neural Perspective. Perspect Psychol Sci. 2011 Nov;6(6):537-59. doi: 10.1177/1745691611419671. PMID: 26168376.

10.- De la atención y de su importancia he hablado en otra entrada de este blog: LA ATENCIÓN, LA PARIENTE POBRE DE LAS EMOCIONES.

11.- En una investigación que realizamos en el seno del Grupo de Investigación en Estrés y Salud de la UAB, hace ya mucho tiempo, vimos claramente que el estrés laboral deterioraba los hábitos saludables orientados a cuidar el cuerpo. La muestra fue de maestros: Fernández-Castro, J., Doval, E., & Edo, S. (1994). Efectos del estrés docente sobre los hábitos de salud [Teachers’ stress, health and behavior in teachers]. Ansiedad y Estrés, 0, 127–133. https://www.researchgate.net/profile/Jordi-Fernandez-Castro/publication/288897954_Efectos_del_estres_docente_sobre_los_habitos_de_salud/links/56b495ca08ae2f3201130e57/Efectos-del-estres-docente-sobre-los-habitos-de-salud.pdf

12.- En este artículo se puede ver cómo haber recibido una formación en mindfulness de ocho sesiones con éxito, no significa estar inmunizado ante el estés: Drogos LL, Toivonen KI, Labelle L, Campbell TS, Carlson LE. No effect of mindfulness-based cancer recovery on cardiovascular or cortisol reactivity in female cancer survivors. J Behav Med. 2021 Feb;44(1):84-93. doi: 10.1007/s10865-020-00167-w

13.- El vídeo se titula La vida es ahora mismo – Jon Kabat-Zinn, está en inglés pero se pueden poner subtítulos en español, el link es éste: https://www.youtube.com/watch?v=-eXVD0AmcCo

14.- Las ideas principales del la Psicología Positiva contemplativa se pueden encontrar en: Cebolla, Ausiàs; Enrique, Angel; Alvear, David; Soler, Joaquim; García-Campayo, Javier. PSICOLOGÍA POSITIVA CONTEMPLATIVA: INTEGRANDO MINDFULNESS EN LA PSICOLOGÍA POSITIVA. Papeles del Psicólogo, vol. 38, núm. 1, 2017. Consejo General de Colegios Oficiales de Psicólogos, y están desarrolladas extensamente en: Ausiàs Cebolla y David Alvear (2019). Psicología positiva contemplativa: fundamentos para un entrenamiento en bienestar basado en prácticas. Barcelona: Kairós. También se puede entender el mindfulness como devoción compasiva leyendo el libro de David Alvear (2015). Mindfulness en Positivo. Editorial Milenio.

La compasión en si misma también es el tema central de una corriente terapéutica denominada Psicoterapia Centrada en la Compasión, que se usa con bastante éxito en el campo de las curas paliativas, enfermedades terminales y psicooncología.  Se pueden ver los contenidos de esta psicoterapia en este artículo en el que tuve el honor de poder colaborar: Cristina Prieto Larroya, Jacobo Chamorro López, Jordi Fernández Castro, Francisco Luis Gil Moncayo (2017). Análisis cualitativo de temas construidos y emergentes a partir de una experiencia piloto de Psicoterapia Centrada en la Compasión (PCC) en pacientes con cáncer avanzado. Psicooncología: investigación y clínica biopsicosocial en oncología, ISSN 1696-7240, Vol. 14, Nº. 1, págs. 149-158.

7 comentarios en “Mindfulness: ¿Panacea o superchería?

  1. Muy acertados los comentarios desarrollados en este interesante artículo. Considero que la técnica del mindfulness, como está ocurriendo con otras técnicas psicológicas tales como la EMDR, y como sugiere nuestro querido Jordi, se ha popularizado de tal forma que parece como la aspirina psicológica que puede resolver todos los problemas psicológicos. Parte de dichas técnicas, hace años que los psicólogos clínico-sanitarios las vamos utilizando de acuerdo a los protocolos de intervención según los problemas mentales. Ello debería seguir siendo así, puesto que sino dichas técnicas, no tan nuevas como se dice aunque si su formato, caeran desgraciadamente en un mal uso.

    1. Joan, gracias por tus comentarios. Has tocado un tema muy importante al que no he hecho mención en el artículo (por falta de espacio). Resulta que el mindfulness, a parte de ser una terapia basada esencialmente en instaurar y fortalecer el hábito de practicar mindfulness, también ha representado una influencia en el mainstream de la Psicología Clínica-Sanitaria, las llamadas terapias de tercera generación, son en buena parte la conjunción de algunos principios de la atención plena (mindfulness) junto con el análisis del contexto del paciente y los principios clásicos de la terapia cognitivo conductual, como es el caso de la Terapia de Aceptación y Compromiso y la Dialéctico Conductual (entre otras). También están apareciendo ofertas de programas terapéuticos modulares, que contienen un módulo de mindfulness. Finalmente, conceptos como el de aceptar las emociones sean placenteras o dolorosas, o que hay que permanecer en el presente son ideas que ya se están incorporadas en la cultura general de los psicólogos actuales. Por lo tanto, en el seno de la práctica psicológica se está produciendo un evolución positiva: ha habido profesionales de la Psicología abiertos a nuevas ideas, como el mindfulness, que han comprobado empíricamente sus efectos y han incorporado en su práctica aquello que ha demostrado ser útil a sus pacientes.
      Es decir, más allá de todos lo profesionales que se dedican al mindfulness, las ideas principales del mindfulness han influido positivamente a la práctica psicológica.

  2. Moltes gràcies per l’article. Com sempre molt ben documentat i rigorós.

    Treballo el mindfulness a nivell d’empresa, i no només per gestionar l’estrès, si no, també, per millorar relacions i equips, i sovint s’imagina que amb un curs es resoldrà tot. Costa fer entendre que per molt mindfulness que es practiqui, si les demandes de la direcció són molt grans, si les carregues de treball no estan ben mesurades, o els comandaments intermedis funcionen com a capatassos, aquesta pràctica no serveix per a res.

    Per altre banda, hi ha una qüestió rellevant que apuntes. Si l’accés al curs no és voluntari i el/la participant no treballen després de les sessions i un cop finalitzat el curs, els resultats van disminuint de forma periòdica perquè es torna fàcilment als antics i coneguts hàbits personals.

    1. Gràcies, Jordi, pel comentari.
      Si, explicas muy bien lo que pasa cuando se considera al mindfulness como una panacea. Por meditar no se resuelven los problemas de la gestión de grupos.
      Yo lo veo así, el mindfulness es una especie de requisito, hace falta un cambio de actitud para plantearse el cambio del liderazgos y de la gestión de grupos. Pero hace falta trabajar la dinámicas de los grupos específicamente, y no dejarlo todo a la meditación y que esta «Haga el milagro». Ánimo con tu trabajo que es muy necesario,

  3. Interesante artículo gracias por el aporte.
    Jon Kabat-Zinn es Biólogo, especializado en biología molecular y ante todo un meditador, un ser humano que comparte aquello que descubrió durante un retiro en la India. Hago esta aclaración porque me parece fundamental el origen, ya que explica el por qué es un curso de carácter psicoeducativo que puede ser impartido por un profesional de cualquier área que adquiere el entrenamiento adecuado, que es un entrenamiento que tiene una duración de dos años prácticamente y de toda una vida de práctica y compromiso.
    Nuevamente gracias

    1. Claudia, Muchas gracias por el comentario, efectivamente creo que es importante reflexionar sobre el origen del mindfulness porque nos puede iluminar sobre su trayectoria. Lo que quería explicar en el artículo es que entre 1960 y 1970 muchos europeos y americanos fueron a India y descubrieron la meditación y otras prácticas, pero no todos lo convirtieron en un procedimiento estandarizado evaluable de manera pública, creo que esa es la singularidad de Kabat-Zinn. George Harrison fue a India y al volver compuso canciones y Mia Farrow fue a India y al volver actuó en películas, Kabat-Zinn iría (no conozco detalles) pero como científico, lo convirtió en un procedimiento empírico evaluable.
      Gracias a ti de nuevo.

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