He dedicado otra entrada de este blog a la polarización afectiva; creo que es un tema actual y muy importante que merece nuestra atención. La polarización afectiva consiste en la tendencia a aborrecer y odiar al grupo de personas con las que no se comparten ideas políticas. No es un simple desacuerdo político, sino una profunda y peligrosa división social de carácter emocional.
Esta polarización es consecuencia del pensamiento dicotómico, de la indignación moral y de la identificación con el grupo, temas que ya hemos tocado. Creo que ahora vale la pena analizar otro aspecto: cómo encumbramos a nuestros héroes y hundimos a nuestros villanos.
La proyección motivada de identidades políticas.
Stuart J. Turnbull-Dugarte (Universidad de Southampton, UK) y Markus Wagner (Universidad de Viena, Austria) han publicado recientemente una investigación sobre la proyección motivada de identidades políticas (1).
Aunque el término parezca complejo, en realidad es algo muy sencillo que hacemos a diario: consiste en creer que las personas a las que admiramos tienen nuestra misma ideología y, por el contrario, que las personas a las que despreciamos tienen una ideología opuesta a la nuestra. Todo ello, naturalmente, sin tener ninguna información objetiva sobre las ideas políticas de estos «héroes» o «villanos».
En esta investigación se realizaron dos estudios:
Primer estudio: Héroes y villanos de ficción: Se utilizaron imágenes de personajes populares de franquicias como Marvel, Disney, Harry Potter, El Señor de los Anillos, Juego de Tronos o Star Wars. Se seleccionaron 85 personajes ampliamente conocidos, identificados claramente como héroes o villanos, que fuesen políticamente transversales (es decir, que no fuesen preferidos específicamente por gente de derechas o izquierdas).
Luego, se presentaron por parejas al azar a 3,200 personas de EE. UU. y Gran Bretaña. Se les preguntó: «¿Cuál de los dos personajes es más probable que sea de izquierdas?» o «¿Cuál de los dos es más probable que sea de derechas?».
El resultado fue que los participantes tendieron a asumir que los héroes compartían su misma ideología, mientras que los villanos eran asignados al partido oponente.

Segundo estudio: El político virtuoso o corrupto: Se redactó la historia de un político local ficticio con dos versiones: en una era virtuoso y en la otra, corrupto, sin mencionar en ningún momento su partido. Se dio a leer una versión al azar a 1,617 personas en Gran Bretaña. Posteriormente, se les hicieron preguntas para evaluar si recordaban detalles de la historia. Una pregunta clave era a qué partido pertenecía el político.
El resultado fue que a pesar de que ese dato no figuraba en el texto, los ciudadanos «recordaban» falsamente que el político pertenecía al partido rival si era corrupto, o al propio si era virtuoso. La atribución de ideología se vivió como un hecho cierto (falso recuerdo) y no como una suposición.
Proyección motivada y polarización.
La conclusión es clara: la proyección motivada existe. Además, cuando las personas atribuyen su ideología a los héroes y la niegan a los villanos, creen que es un dato objetivo y no una interpretación. Otro hallazgo es que la «contra-proyección» (asignar a los «malos» al bando contrario) es más fuerte que la proyección positiva. Esto significa que estamos más seguros de que un villano es de la oposición que de que un héroe es de los nuestros.
Esta proyección alimenta la polarización afectiva de dos maneras:
- La falacia circular o del círculo vicioso: Se genera un bucle retroalimentado: «los otros son los malos porque los malos siempre son de los otros» (2).
- Distorsión de la realidad: Al eliminar matices y puntos comunes, se refuerza un pensamiento dicotómico rígido donde sobreestimamos la similitud con quienes nos agradan y la diferencia con quienes nos desagradan (3).
Manipulación de la opinión pública.
Los hallazgos muestran que el juicio moralista es un potente instrumento de manipulación. Dado que la gente infiere la política a partir de la moralidad, un actor político o mediático puede manipular la opinión pública simplemente asociando a sus contrincantes con aspectos personales negativos, sin necesidad de debatir la idoneidad de sus propuestas políticas. Basta con pintar a alguien como un «villano» para que una parte de la población «recuerde» que esa persona pertenece al bando que ya odian.

Finalmente, las personas con una adhesión más fuerte a su ideología proyectan con más energía, lo que facilita que perdonen o pasen por alto las corrupciones de sus propios dirigentes y condenen con más rudeza las mismas faltas en políticos del otro bando. Esto sugiere que los grupos más involucrados en política son más susceptibles a quedar atrapados en el engranaje de estos sesgos en contextos de elevada polarización.
En conclusión.
Tendemos a hacer juicios rápidos y a categorizar políticamente a los demás basándonos en nuestras preferencias. Esto lleva a una profecía autocumplida: «si piensa diferente a mí, no puede ser bueno». Esta dinámica erosiona la cohesión democrática y facilita la manipulación mediante la creación de narrativas de héroes y villanos.
Notas.
1.- Esta es la investigación: Turnbull-Dugarte SJ and Wagner M (2025) Heroes and villains: motivated projection of political identities. Political Science Research and Methods, 1–21. https://doi.org/10.1017/psrm.2025.10 realizaron unos interesantes estudios experimentales para descubrir
2.- Ver la sección de Falacias de este blog: La falacia circular
3.- Ver esta otra entrada del blog: Pensamiento dicotómico
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