Un mero vistazo, aunque sea rápido, a las noticias sobre la Cumbre sobre Cambio Climático de 2021 produce desaliento ya que se llega a la conclusión que nos acercamos irremediablemente a un cambio climático, producto de la actividad humana, que tendrá consecuencias catastróficas y, todo ello, ante la pasividad de los líderes políticos y económicos del mundo (1).

Para hacer frente a este fenomenal reto hace falta que se tomen importantes decisiones políticas acompañadas de grandes avances tecnológicos; aunque no hay que olvidar que para que los grandes cambios políticos y tecnológicos fructifiquen es imprescindible, también, un profundo cambio de la conducta y de la mentalidad de las personas.

Desde mi punto de vista, como psicólogo, me da la impresión que estos terribles anuncios de catástrofes climáticas inevitables y estas acusaciones a los líderes políticos de esconder la cabeza bajo el ala no son la mejor manera de que vean la luz nuevas conductas, hábitos y estilos de vida respetuosos con el medio ambiente.

Hay que reconocer que estos mensajes tan alarmantes están basado en la evidencia científica, pero si creo que no vamos por el buen camino es porque una cosa es constatar que los habitantes de este planeta tenemos un problema común y otra, muy distinta, saber cómo conseguir que se actúe en consecuencia.

Precisamente el planteamiento alarmista, y repito justificado, del problema climático parece que tendría que mover a las personas a la acción inmediata, como si en un edificio se produjese un incendio y todo el mundo dejase sus quehaceres, bien para huir del fuego, bien para apagarlo. Pero no parece que sea así, la alarma de catástrofe climática no hace que todos abandonen los viejos hábitos, eso lo hacen una minoría significativa, mientras que la mayoría reacciona con interés pasajero o con apatía e incluso otra minoría reacciona negando los hechos. Esta disparidad de reacciones ante la alarma climática es debida a que este planteamiento radical choca con una serie de principios psicológicos básicos y bien conocidos. Y eso es lo que voy a intentar explicar en esta entrada.  

Figura 1.- La idea de que el futuro será peor que el presente dinamita y altera el bienestar psicológico, pero las evidencias científicas sobre le cambio climático es lo que predicen.

Coste de respuesta y demora de la recompensa

Un principio sólidamente establecido en la Psicología Experimental es que el aprendizaje se basa en las consecuencias de la conducta. Según este principio, aquellas acciones que van seguidas de recompensas se repiten en el futuro, mientras aquellas que van seguidas de castigos dejan de realizarse. Este aprendizaje conductual tiene unas leyes bien conocidas, producto de la experimentación tanto animal como humana que permiten establecer, por ejemplo, que una respuesta se aprenderá de manera más rápida y consistentemente cuanto mayor y más inmediata sea la recompensa y menos coste tenga la respuesta (2). Si aplicamos este principio a las conductas relacionadas con reducir, reutilizar y reciclar vemos que la recompensa es de una magnitud extrema, salvar el planeta, pero con una demora en el tiempo desmesurada, veinte o treinta años, y con un coste elevado porque, paradójicamente, hoy por hoy reducir, reutilizar y reciclar a menudo o es más caro, o más complicado, o más incómodo o consume más tiempo que no hacerlo. Por lo tanto, por muy grande que sea la recompensa, la demora en el tiempo la devalúa como motor de cambio de la conducta: las recompensas pequeñas pero inmediatas son mucho más potentes que las grandes recompensas que se demoran en el tiempo y el elevado coste de la respuesta hace que sea muy difícil el cambio conductual hacia el reducir, reutilizar y reciclar.

Pensemos en un pequeño artilugio que representa la quintaesencia del refuerzo inmediato con poco coste, el mando a distancia (3).  Vayamos a 1980, un mando a distancia para un televisor no hace que el aparato se vea o se oiga mejor y, por supuesto, nada tiene que ver con lo entretenidos que sean los programas, pero en cuanto se comercializaron televisores con mandos a distancia eficaces fue imposible vender un televisor que no lo tuviera, porque era algo, sin ninguna duda, reclamado por los compradores.  ¿Qué ofrecía el mando a distancia? Cambiar los canales sin levantarse, recompensa inmediata a bajo coste, nada más pero nada menos.

El mando a distancia puede ser el símbolo de la época del consumismo. Buena parte de las tribulaciones que produce el cambio climático tiene que ver con el monstruoso desarrollo del consumismo en buena parte del mundo, después de la II Guerra Mundial. El consumismo ofrecía poder adquirir con facilidad productos baratos y atractivos desde electrodomésticos y vehículos, hasta ropa, discos o comida. El consumismo se desarrolló con rapidez, gracias entre otras cosas por el bombardeo publicitario, pero para ser honestos hay que reconocer que las personas abrazaron con gusto este derroche. Pensemos, por ejemplo, que actualmente, es necesario que activistas voluntariosos hagan talleres sobre reducir, reutilizar y reciclar en escuelas para difundir nuevos hábitos respetuosos con el planeta, mientras que el consumismo se desarrolló rápidamente sin necesidad de hacer talleres sobre “comprar, usar y tirar”, no hacía falta porque el consumismo ofrecía cosas fáciles e inmediatas, el consumismo era poderosamente atractivo, proporcionaba satisfacción inmediata.

Lo mismo ha pasado en el siglo XXI con el uso del móvil y las redes sociales. No ha hecho falta concienciar y formar a los jóvenes en el uso de los móviles, redes y juegos online; bastaba con ofrecerlas y se desarrollaron por sí mismas, ante la estupefacción de la industria clásica de la comunicación y el entretenimiento. Resulta que en las escuelas de secundaria los estudiantes a veces instruyen a los profesores en las competencias digitales y los talleres que se hacen son para reducir la adicción a las redes, no para enseñar a usarlas.

Evitación de males futuros.

Otro problema para conseguir el cambio de conductas cotidianas es que la recompensa a conseguir es evitar una desgracia futura. Pero, ¿Cómo distinguimos las conductas que efectivamente evitan las desgracias futuras de las que no tienen ese efecto? Pues no lo podemos distinguir por la experiencia directa, esto es la paradoja de la evitación.

Intentaré explicar en qué consiste el problema de la evitación, pongamos que una persona que se le invita a participar en un experimento en un laboratorio y que mediante unos auriculares oye de forma aleatoria y de tanto en tanto, un pitido desagradable. Pero tiene un panel con tres botones numerados (1, 2 y 3) de tal manera que si los pulsa en un orden determinado consigue que los pitidos desaparezcan durante 5 minutos. La tarea consiste en descubrir cuál es la combinación correcta para evitar los pitidos. En estos términos, la tarea es dificilísima y prácticamente insoluble, la persona puede empezar a hacer pruebas, pero si ha probado varias combinaciones y se produce un tiempo sin pitidos, nunca estará segura de cuál de las combinaciones probadas ha tenido éxito, además dado que los pitidos se dan de tanto en tanto (como las tormentas diabólicas en la cuenca del Mediterráneo) no puede saber si un período de silencio se debe a una respuesta correcta o es mera casualidad, la Figura 2 muestra un esquema de este procedimiento.

Figura 2.- Procedimiento de la evitación no señalada, ocurren estímulos aversivos de manera aleatoria, si se realiza una respuesta hay un periodo sin estímulo aversivos, pero el sujeto experimental no ve que pase nada. Es difícil de aprender.

En cambio, si cuando la persona pulsa la combinación que evita que aparezcan los pitidos se enciende una luz que diga: RESPUESTA CORRECTA, la tarea se volvería muy fácil, extremadamente fácil. Pues bien, esta es la respuesta al problema de la evitación, el estudio experimental del aprendizaje ha constatado que no se puede aprender a relacionar una respuesta concreta con la ausencia futura de un estímulo aversivo, pero que lo sí que se puede aprender es a relacionar una respuesta concreta con una SEÑAL DE SEGURIDAD que, a su vez, está relacionada con la ausencia del evento aversivo. Esta es precisamente la manera mediante la cual los animales, incluyendo a los humanos, se las arreglan para evitar peligros, esta estrategia se puede resumir diciendo: Si quieres evitar posibles peligros futuros haz todo aquello que produzca señales de seguridad inmediatas. (4)

Figura 3.- Procedimiento de la evitación señalada, primero se asocia una luz con estímulos aversivos y otra con su ausencia. En la segunda fase se producen estímulos aversivos de manera aleatoria y si se realiza una respuesta se cambia la luz de señal de peligro a luz de señal de seguridad y, consecuentemente, hay un periodo sin estímulo aversivos. Es fácil de aprender.

Veamos un ejemplo del contraste entre la evitación futura y la seguridad presente. Pongamos la diferencia entre un analgésico y una vacuna. El caso del analgésico, se tiene dolor, se toma el medicamento y antes o después el dolor cesa o disminuye, y así se puede saber que el medicamento es eficaz. Se supone que es un medicamento que ha superado ensayos clínicos con grupos control, pero además lo constatamos en nuestra experiencia. Pero en el caso de una vacuna, ¿Cuándo sabemos que es efectiva? ¿Tenemos que dejar pasar un año para comprobar que no tenemos la enfermedad, más tiempo? ¿Toda la vida? Si tuviésemos que aprender por experiencia propia si efectivamente una vacuna te protege de una enfermedad, nunca nos vacunaríamos. Normalmente, cuando una persona se vacuna voluntariamente es porque confía en el sistema sanitario y cree que está protegido. Puesto que se han realizado ensayos clínicos en los que se ha comprobado que en un determinado periodo de tiempo las personas vacunadas han estado más protegidas ante la enfermedad que las no vacunadas. Es un efecto talismán, que consiste en pensar que se tiene algo que, aunque invisible, protege. Vacunarse produce sensación de seguridad desde el momento del pinchazo, siempre y cuando haya confianza en la ciencia y en el sistema sanitario. Prueba de la importancia de la percepción de seguridad para vacunarse es un interesante artículo de Apoorva Mandavilli en el New York Times (5), que explica el ansia de muchas personas en Estados Unidos de asegurarse que la vacuna ante el COVID-19 ha hecho efecto y les protege, para ello se gastan su dinero en pruebas realizadas en la sanidad; privada, por supuesto, para comprobar si tiene anticuerpos después de vacunarse. Lo curioso es que, si las pruebas de antígenos no se corresponden con las variantes usadas para la vacuna, se puede dar el caso en el que se esté realmente protegido, pero se crea que no es así. Si alguien se siente tentado por hacerse esa prueba de antígenos es que la vacuna no le produce sensación de seguridad, quizás eso tiene que ver con que en este momento en USA haya el 59% de la población vacunada y que en Portugal y en España, donde la población confía en las vacunas y en la sanidad y prácticamente no se hace ese tipo de pruebas de comprobación, sea del 88,7% y del 73,3%, respectivamente (6).

Es muy posible que nos pase esto mismo con la evitación del calentamiento del planeta, una investigación realizada por un grupo encabezado por John A. List de la Universidad de Chicago es muy claro respecto esta cuestión (7). Estudiaron diversas maneras de motivar la donación de fondos para la conservación de la naturaleza en Alaska, en concreto compararon la eficacia de apelar a un beneficio inmediato para uno mismo con un lema que decía; Warm your heart (Algo así como, ilumina o alegra tu corazón); frente a la eficacia de otro lema que se refería a un beneficio en el futuro para otras personas, diciendo  Make Alaska better for everyone (O sea, haz que Alaska sea mejor para todos), que se pueden ver en la Figura 3. Pues bien, la apelación a una sensación confortable afectiva e individual en el presente consiguió un 33% más de dinero que a legar a un beneficio objetivo para otras personas en el futuro. En resumen, parece ser que la pantalla “RESPUESTA CORRECTA” consiste en un sentimiento de satisfacción, si nos sentimos bien en el momento de realizar una respuesta, creemos automáticamente que es la correcta, ya sea vacunarnos, ya sea donar dinero para mantener la naturaleza en Alaska. Es lo que António Damasio llamó el marcador somático, sentimientos automáticos e intuitivos que usamos para decidir qué es lo verdadero, o lo correcto (8).

Figura 3.- Logos utilizados en el estudio de J.A. List et al. (2021)

Como dar malas noticias.

Anunciar el cambio climático y decir que no se hace nada es muy parecido a comunicar a un paciente que tiene una enfermedad grave a una persona y decirle que no tiene cura. Nuestro grupo realizó una investigación sobre el estrés que producen estas malas noticias (9). Realizamos un estudio con una muestra de 152 voluntarios a los que se les presentaban diversas formas de comunicar un diagnóstico y se evaluaba el estrés que producía. Las conclusiones fueron claras, resulta que el estrés experimentado depende de la gravedad de la enfermedad que se anuncia, pero en combinación con otros dos factores, que son si hay un tratamiento eficaz y si se cree que uno mismo es capaz de seguir las instrucciones médicas que sirven para curar la enfermedad. Es decir, que la comunicación de un buen diagnóstico debe incluir tanto la gravedad de la enfermedad como lo que se puede hacer ante ella. El estrés y la ansiedad producidos por la comunicación de malas noticias sobre la salud tiene que ver más con la impotencia ante la enfermedad, que con la gravedad en sí misma. Si traspasamos esto a la amenaza del cambio climático, se puede llegar a la conclusión que la inquietud hacia el cambio climático no proviene únicamente de las catástrofes climáticas que puedan producirse, si no de la impotencia percibida de no hacer, o no poder hacer, cosas eficaces. Por lo que la comunicación del del futuro climática, debería de estar acompañada de maneras eficaces de hacerle frente.

Huir del miedo sin evitar el peligro.

En muchas ocasiones potenciar el miedo para fomentar la evitación de males futuros, puede jugar malas pasadas especialmente cuando no se sabe cómo evitar la catástrofe. Esto es lo que se llama la evitación contraproducente que consiste en reducir el miedo que provoca un problema futuro, pero sin abordarlo con lo cual evitar sólo el miedo es como matar al mensajero y hacer oídos sordos al problema real (10). Las campañas de prevención de accidentes de tráfico son un ejemplo de que fomentar el miedo puede ser contraproducente. En este ámbito, se puede optar por hacer anuncios que se centren en hacer palpable el horror de sufrir un accidente y el dolor que producen sus consecuencias o bien relacionados con el amor a la vida, a la seguridad y a la tranquilidad. Esta segunda opción, la amable, es mucho más eficaz, por ejemplo: “Ponte el cinturón, abróchate a la vida” o “Si bebes, no conduzcas”, porque las campañas basadas en el miedo producen más rechazo, el público las mira menos y luego no se recuerdan en el momento de ponerse a conducir (11).

Por lo tanto, las evidencias indican que el miedo no es motor de nada positivo, no debemos confundir miedo, que es la angustia producida por un riesgo o daño real o imaginario (Diccionario de la RAE), con la precaución, que es reserva o cautela para evitar o prevenir los inconvenientes, dificultades o daños que pueden temerse (Diccionario de la RAE). Como ha expuesto clarísimamente Álex Grijelmo (12), el miedo paraliza y hace sufrir, mientras que las precauciones, por el contrario, consisten en actuar y en planificar todo aquello que está en nuestra mano para reducir los peligros. El miedo es un concepto cálido; la precaución, una idea fría. El miedo, inquieta; la precaución tranquiliza.

Para conseguir un cambio de conducta para evitar el calentamiento global, en lugar de meter miedo hay que hay que fomentar que comportamientos sostenibles sean fáciles, asequibles y proporcionen el convencimiento genuino e inmediato de que son útiles para mejorar el planeta.

Conclusión.

Con lo expuesto creo que queda claro que la alarma y el catastrofismo no ayuda, sino todo lo contrario, a generar nuevos comportamientos respetuosos con medio ambiente. Por el contrario, hay que fomentar que los comportamientos respetuosos sean fáciles, asequibles y proporcionen el convencimiento genuino e inmediato de que son útiles para mejorar el planeta. Pero, ¿Cómo conseguirlo? En esta entrada hemos visto únicamente factores relacionados con el comportamiento individual, pero eso es solo una parte del análisis, lo tenemos que completar con el comportamiento colectivo. Para ver qué alternativas hay al alarmismo catastrofista y al argumento del miedo, hay que analizar el contexto social, las normas subjetivas y la responsabilidad compartida, lo desarrollaremos en una próxima entrada de este blog.

Agradecimiento

Agradezco a mi colega la Dra. Silvia Edo, de la Universitat Autònoma de Barcelona, a la Dra. Irene Fernández Carasa del IDIBELL de la Universitat de Barcelona y al Sr. Jan Brozinsky, emprendedor social y cultural, sus comentarios y opiniones que me han ayudado en el desarrollo de esta entrada.

Notas

  1. El nombre completo del evento organizado por las Naciones Unidas es la 26.ª Conferencia de las partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP26), y se celebró desde el 31 de octubre hasta el 12 de noviembre en la ciudad de Glasgow, Reino Unido. La convención Marco se firmó en un gran evento realizado en Río de Janeiro en 1992, que tuvo su continuidad en el protocolo de Kioto de 1997. Un ejemplo de la recepción pesimista en la prensa de las conclusiones del COP26 es este titular de la WEB de la BBC (14 de Noviembre de 2021): COP26: el acuerdo climático «no evitará que nos ahoguemos”. (Se refería a las islas del Océano Pacífico. Información oficial sobre el COP26 aquí. https://news.un.org/es/story/2021/10/1499162
  2. Ver Michael Domjan (2015) Principios de Aprendizaje y Conducta. Cenage Learning.
  3. Se puede ver un curioso reportaje periodístico sobre el mando a distancia aquí: https://www.lavanguardia.com/television/tv-or-not-tv/20160611/402434697602/mando-a-distancia-historia.html
  4. Mis primeros años en investigación se dedicaron precisamente al problema del aprendizaje de la evitación y se puede ver un desarrollo del estudio del aprendizaje de la evitación en experimentos de aprendizaje animal en este capítulo de un manual de Psicología que, en su día, editaron Ramón Bayés y José Luís Pinillos:  Fernández Castro, J. (1989). Condicionamiento instrumental aversivo. En R. Bayés y J. L. Pinillos (Eds.), Tratado de psicología general, 2: Aprendizaje y condicionamiento. Madrid: Alambra. El Dr antonio Cándido, junto con el Dr Antonio Maldonado, de la Universidad de Granada, han demostrado con claridad la importancia de la obtención de seguridad en ratas de laboratorio, por ejemplo en este estudio experimental: Antonio Cándido, Antonio Maldonado & Jaime Vila (1989). Relative time in dangerous and safe places influences one-way avoidance learning in the rat. The Quarterly Journal of Experimental Psychology Section B: Comparative and Physiological Psychology, 41:2, 181-199. http://dx.doi.org/10.1080/14640748908401191. También se pueden leer interesantes estudios sobre este aprendizaje en humanos por ejmplo: P.F. Lovibond, S.X. Chen, Ch.J. Mitchell, G. Weidemann (2013). Competition between an avoidance response and a safety signal: Evidence for a single learning system. Biological Psychology, Volume 92, Issue 1, 2013, Pages 9-16. https://doi.org/10.1016/j.biopsycho.2011.09.007.
  5. Apoorva Mandavilli: Wondering if the Vaccine Worked? Get the Right Test, at the Right Time. https://www.nytimes.com/2021/06/20/health/covid-vaccine-antibody-test.html
  6. Consultado el 26 de Noviembre de 2021 en: https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus-vacuna/usa
  7. La investigación sobre las donaciones para la conservación de la naturaleza en Alaska es: List, J.A., Murphy, J.J., Price, M.K. et al. (2021) An experimental test of fundraising appeals targeting donor and recipient benefits. Nat Hum Behav 5, 1339–1348. https://doi.org/10.1038/s41562-021-01095-8
  8. António Damasio es un neurológo portugués, afincado en USA, que explicó que razón y emoción no están separadas en el cerebro sino interrelacionados. Su obra más famosa es: António Damasio El error de Descartes: La emoción, la razón y el cerebro humano. Booket Ciencia, 2018 (La primera edición en inglés apareció en 1994). Aparte de tener un título suficientemente atractivo como para captare la atención del mundo académico, en él se expone la teoría del marcador somático.
  9. Este trabajo lo realizamos un equipo del Grupo de Investigación en Estrés y Salud, lo lideró la Dra. Sílvia Edo con la colaboración del Dr. David Torrents-Rodas, que ahora está en la Philipps University of Marburg en Alemania, y la de la Dra. Tatiana Rovira y el que esto escribe. La investigación es: Silvia Edo, David Torrents-Rodas, Tatiana Rovira and Jordi Fernandez-Castro (2012). Impact when receiving a diagnosis: Additive and multiplicative effects between illness severity and perception of control. Journal of Health Psychology, 17(8) 1152–1160. https://doi.org/10.1177/1359105311429727
  10. En este libro: Isaac  Marks (1987). Fears, Phobias, and Rituals: Panic, Anxiety, and Their Disorders Oxford University Press, Inc. (Edición Española (1991): Miedos, fobias y rituales. Barcelona: Martínez Roca, S. A.) se puede hallar una explicación completa y brillante del funcionamiento del miedo y la ansiedad, los rituales y la fobias y en él se entiende perfectamente como en ocasiones huir del miedo intenso puede hacer que se perpetúe la ansiedad; es decir, se explica como una motivación de protección se convierte en un trastorno. El profesor Isaac Marks es un psiquiatra que perteneció desde 1964 hasta el 2000 al Institute of Psychiatry de la Universidad de Londres y al prestigioso Hospital Bethlem-Maudsley.  En el año 2000 pasó a ser profesor emérito, continuando con su actividad científica.
  11. Se pueden ver unos buenos ejemplos de estos estilos de campañas de prevención en: https://www.elcuartel.es/funcionan-las-campanas-para-prevenir-accidentes-de-trafico/
  12. Alex Grijelmo hace esta disquisición acerca del lenguaje utilizado en una noticia referida a un accidente aéreo. Álex Grijelmo es un periodista y escritor que demuestra como los análisis lingüísticos pueden iluminar aspectos importantes de la Psicología.  El artículo es este: https://elpais.com/elpais/2019/03/21/ideas/1553172425_270178.html

9 comentarios en “Psicología del apocalipsis climático: 1.- Comportamiento individual

  1. Moltissimes gràcies per un article tan interessant com necessari. Estic delerosa per llegir l’entrada següent . Enfocada, com dius , en els comportaments grupals, és més el meu àmbit professional i investigador durant anys.
    Una abraçada molt cordial,
    Maria Àngels

    1. Àngels, gràcies pel comentari. Intentaré estar a l’alçada de les expectatives, però tinc més dubtes que respostes, com sempre!

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