En una de sus famosas tiras cómicas, Mafalda (1) planeaba realizar una redacción escolar formada únicamente por preguntas como estas:
- ¿Nosotros amamos a nuestro país porque nacimos aquí?
- ¿Los turcos aman a Turquía porque nacieron en Turquía?
- ¿Los suecos aman a Suecia porque nacieron en Suecia?
- ¿Los javaneses aman a Java porque nacieron en Java?
Y en la viñeta final decía que el título de esa composición sería: Patriotismo y comodidad
Mafalda, desde su ingenuo punto de vista, entiende el amor a la patria como consecuencia del azar de haber nacido en un sitio u otro, y no necesariamente como expresión de una adhesión a valores culturales o éticos determinados. Por eso llama comodidad al patriotismo.
Ahora hablaremos precisamente de esta comodidad: del sesgo grupal, que consiste en que la pertenencia a un grupo nos lleva a verlo con favoritismo.

El favoritismo hacia los tuyos
En otra entrada de este blog expliqué que los seres humanos tenemos una poderosa necesidad de pertenecer a un grupo e identificarnos con él (La identificación con el grupo y el borrego que mejoró el rebaño). Esta tendencia fue desvelada por el psicólogo Henri Tajfel, quien descubrió, con sorpresa, que dividir a las personas en grupos basándose en detalles anecdóticos o incluso al azar (por sorteo) basta para que se identifiquen con el grupo asignado y comiencen a competir intensamente con otros grupos.
Este fenómeno demuestra que no necesitamos prejuicios previos de etnia o religión para generar una división entre “nosotros” (endogrupo) y “ellos” (exogrupo). Basta con asignar a alguien a un equipo de forma aleatoria para que considere automáticamente que su grupo es el mejor y exagere las diferencias con los demás.
Entre otras características, la pertenencia al grupo conlleva el favoritismo hacia el endogrupo. Esta inclinación a favorecer lo propio se denomina sesgo grupal o sesgo partidista (2) y consiste en aceptar más fácilmente cualquier información que favorezca a tu grupo, aunque no sea cierta, y rechazar aquella que lo perjudique, aunque sea verdadera.
Un experimento sobre el sesgo grupal
Tyler J. Hubeny, Lea S. Nahon y Bertram Gawronski, del Departamento de Psicología de la Universidad de Texas en Austin, han profundizado en el conocimiento del sesgo grupal en una reciente publicación científica (3). El punto de partida de esta publicación fue dar por sentado la existencia del sesgo grupal y preguntarse por su origen. Plantearon dos posibles explicaciones: una más sencilla, la del conocimiento diferencial, y otra más compleja, la de la protección de la identidad, y diseñan un experimento social para ver cuál de las dos se ajusta mejor a los datos.
Conocimiento diferencial. El conocimiento y la familiaridad con el propio grupo hacen que lo veamos con más benevolencia. Imaginemos una persona francesa: ha nacido en Francia, la mayoría de su familia y amistades son francesas y conoce la lengua, la cultura y la historia del país. En cambio, sabe poco sobre Bulgaria: no conoce a nadie de allí ni su historia ni su cultura. Desde esta perspectiva, no sorprende que tenga una visión más favorable de Francia y que se crea bulos sobre Bulgaria que no aceptaría si fueran sobre su propio país. Según esta hipótesis, el sesgo grupal deriva de que conocemos mucho más al endogrupo que a los exogrupos posibles.
Protección de la identidad. Esta explicación es más suspicaz. Si una persona se siente francesa, está motivada a proteger su identidad y su pertenencia. Por ello ignorará lo que la cuestione y tenderá a creer cualquier cosa que la favorezca o que devalúe otras identidades.
Para distinguir qué explicación es la más correcta se plantean las siguientes hipótesis:
- Si la explicación del conocimiento diferencial es correcta, al igualar el conocimiento sobre endogrupo y exogrupo, el sesgo grupal debería desaparecer.
- Por el contrario, si pese a igualar el conocimiento, el sesgo persiste, entonces la explicación más verosímil es la protección de la identidad.
Para comprobar cual de las dos hipótesis se cumple, esos investigadores realizaron dos ingeniosos experimentos con un total de 1.411 participantes estadounidenses. La clave fue usar el paradigma del grupo mínimo ideado por Tajfel, asignando identidades al azar mediante un falso test de personalidad. Los participantes contestaban un test y se les decía que tras analizar sus respuestas se les había asignado al “Equipo Reino Unido” o al “Equipo Francia” en el primer experimento, o a “España” o “Grecia” en el segundo. En ambos experimentos hubo un tercer grupo, de control, al que no se le había asignado ningún país. Luego, los participantes tenían que expresar su acuerdo o desacuerdo con 60 afirmaciones que comparaban ambos países. La mitad de esas frases eran ciertas y la otra mitad eran falsas y, a la vez, la mitad eran favorables a un país y la otra, al otro.
Los resultados indicaron que los participantes de los grupos control, sin asignación a ningún equipo, repartieron sus opiniones en favor o en contra de cada país por igual. En cambio, las personas asignadas a un país concreto tendían significativamente a aceptar más las afirmaciones a favor de su equipo que las contrarias. Como los grupos fueron creados en el laboratorio minutos antes, no había diferencias de conocimiento previo que explicaran este comportamiento. Este resultado está a favor de sostener que la motivación por proteger la identidad es un motor necesario del sesgo partidista.

Pero también es importante destacar que los participantes continuaban distinguiendo lo verdadero de lo falso. Los participantes del grupo control acertaron a descubrir si la afirmación era cierta o falsa en el 75% de las veces y los grupos asignados a un equipo tuvieron, también, la misma tasa de aciertos. Eso quiere decir que los participantes seguían siendo capaces de distinguir lo cierto de lo falso, pero que, simplemente, tenían «la guardia baja» ante las noticias que les daban la razón a su bando. Los participantes del grupo control se equivocaban por igual en relación a los dos grupos, pero los grupos asignados cuando se «equivocaban» mayoritariamente era a su favor (4). Por ejemplo, una afirmación era: «España tiene más premios Nobel que Grecia». Esto es cierto, pero si no no tienes ni idea acerca de la cantidad de premios Nobel de España o de Grecia y eres del equipo de España dirás que es cierto y si eres de Grecia dirás que es falso. Pero si lo sabes seguro, entonces contestarás correctamente independientemente del grupo.
En definitiva, los resultados apuntaron a que la Identidad pesa más que la objetividad porque los participantes necesitaban menos certeza para creerse algo bueno de «su equipo» y eran mucho más escépticos con la información que favorecía al «equipo contrario». Esto significa que la susceptibilidad a la desinformación no se debe solo a la falta de datos o «hechos», sino a una necesidad de proteger a la identidad de grupo con el que nos identificamos, aunque ese vínculo sea artificial y reciente.
Conclusión: no basta con leer y viajar
“El fascismo se cura leyendo y el racismo viajando” (5). La frase es magnífica y contundente, pero, por desgracia, el conocimiento del otro no basta para desmontar los prejuicios. Este experimento lo demuestra: el roce no siempre hace el cariño.
El fascismo se cura leyendo y el racismo viajando
Pensemos en los racistas de Sudáfrica o del sur de Estados Unidos: tenían contacto cotidiano con personas negras e incluso podían mantener vínculos afectivos individuales, como por ejemplo con los sirvientes domésticos. Pero eso no eliminaba su racismo. O pensemos en la sorpresa que causó descubrir que muchos terroristas de Al Qaeda tenían una gran formación y habían sido educados en Occidente.
Está claro que, para combatir los prejuicios y los sesgos de identidad, el conocimiento y la información son necesarios, pero no son suficiente y una persona se tapa los oídos y los ojos ante las evidencias. Aparte de informar, hay que desactivar la protección de la identidad y la mente cerrada. He prometido escribir un post sobre cómo superar la polarización afectiva, estrechamente vinculada al sesgo grupal. Lo haré en un futuro, espero.
Notas
- La tira cómica Mafalda se publicó entre 1964 y 1973, cuando su autor, el argentino Quino, decidió dejar de dibujarla al sentir que su creatividad respecto al personaje se había agotado, pese a su enorme éxito comercial. Quino falleció y sus herederos vendieron los derechos a una conocida editorial internacional que persigue con rigor las reproducciones de estos cómics. Por ello he incluido en este post una foto mía de grupo de Instagram.
- En inglés, partisan bias. No me gusta traducirlo como “sesgo partidista” porque parece referirse solo a partidos políticos, cuando en realidad abarca cualquier identidad grupal: nación, clase, religión, etnia, etc. Por eso mantengo la expresión más neutra de sesgo grupal.
- Esta es la investigación: Hubeny TJ, Nahon LS, Gawronski B. Understanding Partisan Bias in Judgments of Misinformation: Identity Protection Versus Differential Knowledge. Psychol Sci. 2026 Jan;37(1):43-54. doi: 10.1177/09567976251404040. Epub 2026 Jan 7. PMID: 41499418.
- Puede parecer contradictorio decir que los participantes distinguían lo cierto de lo falso y que a la vez tenían un sesgo, pero no es así. El análisis de datos es complejo y técnico, y no lo he detallado en el texto. En resumen, usaron la Teoría de Detección de Señales (SDT) para obtener dos índices diferentes:
- Sensibilidad a la verdad: capacidad real para distinguir lo cierto de lo falso. Es decir, tasa de acierto de si las afirmaciones eran cierta o falsas, sin tener en cuenta si eran a favor de un país o del otro.
- Umbral de aceptación: tendencia a decir que algo es “verdad” en función del grupo asignado. Es decir, la tasa de acuerdo con las afirmaciones favorables a tu equipo, sin tener en cuenta si eran cierta o falsas.
- Los resultados indicaron que la sensibilidad a la verdad no variaba entre el grupo control y los grupos asignados, mientras que el umbral de aceptación variaba sustancialmente en función de la asignación a un grupo. En todo caso se puede consultar el artículo original.
- La frase se ha atribuido a Unamuno y también a Pío Baroja, pero no existen pruebas sólidas. Parece una cita apócrifa. Naturalmente, ambos podrían haberla pronunciado: son autores vascos fundamentales en la cultura española, que vivieron y sufrieron antagonismos políticos irreconciliables, controversias identitarias nacionalistas y luchas entre clericales y laicos.

Deja una respuesta